Manuel – Grueso

Consejos, Recomendaciones, Preguntas y Respuestas

Que Es El Objeto Del Deseo?

El objeto de deseo freudiano es la huella mnémica de la vivencia de satisfacción original ; al principio la satisfacción del deseo sería alucinatoria, pero va a ser necesario posteriormente dar un rodeo por la representación psíquica para el cumplimiento del deseo.

¿Qué es un objeto del deseo?

El objeto de deseo | MODO La pérdida es lo que genera el deseo y el objeto de deseo será aquel en el que depositamos nuestras carencias y necesidades. Un objeto puede ser concebido como una extensión de nosotros mismos, como una forma de representar y comunicarnos con el mundo y con los otros.

  • El ser humano se fabrica a sí mismo en la medida que fabrica objetos para su vida; el objeto se convierte en un artefacto, en una prótesis que nos ayuda a realizar aquello que nuestro mismo cuerpo limita.
  • Esta limitación genera una necesidad por los objetos, pues éstos sustituyen o complementan aquello que nos hace falta de forma natural; aparece así el objeto de deseo, pues encarna nuestras carencias y necesidades.

Freud dice que el objeto de deseo es un objeto perdido que el sujeto buscará eternamente reencontrar, aquel que lo remita a esa satisfacción primaria o experiencia mítica que será imposible de recrear. El objeto de deseo será el depositario de nuestros anhelos, sustituirá aquello que nos hace falta.

  1. Será la materialización de sentimientos y pensamientos, nos remitirá a momentos, personas y lugares inaccesibles.
  2. Cada quien tendrá sus objetos de deseo, aquello que ansiamos con tanta fuerza que se convierte en una necesidad y que, según el psicoanálisis, raya en lo patológico pues buscamos que un objeto evidentemente inanimado realice una acción para satisfacernos.

Esto nos lleva a desarrollar una fijación por los objetos de deseo, y representa para Lacan, un elemento conflictivo en la relación del objeto con el sujeto. “El objeto se alcanza por la vía de una búsqueda del objeto perdido. Por el solo hecho de esta repetición se instaura una discordancia.

  1. El sujeto está unido con el objeto perdido por una nostalgia.
  2. El nuevo objeto se busca a través de la búsqueda de una satisfacción pasada: es encontrado y atrapado en un lugar distinto a aquél donde se lo buscaba” Todos tenemos uno o varios objetos de deseo, nuestros tesoros, fijaciones y fetiches, los buscamos con esmero y en algunos casos, los coleccionamos.

El acervo del MODO es un claro ejemplo y aquí presentamos una muestra de objetos que, en algún momento, pudieron convertirse en el objeto de deseo para alguien más. Esta colección nos hace pensar en cuáles son nuestros objetos de deseo cuáles son los tuyos? : El objeto de deseo | MODO

¿Qué es el objeto a Lacan?

De Wikipedia, la enciclopedia libre El Objeto a es un concepto del psicoanálisis usado por Jacques Lacan que remite a la noción del objeto de deseo inalcanzable. Denominado también objeto metonímico, se lo considera el “objeto causa del deseo “. Se entiende que el sujeto del psicoanálisis está regido por sus pulsiones, que investidas en el lenguaje, vendría a conformarse el deseo,

¿Cómo define Freud el deseo?

ARTÍCULO LA FUNCIÓN DEL DESEO EN LA PRIMERA ENSEÑANZA DE LACAN PARA EL PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA THE FUNCTION OF DESIRE IN THE FIRST TEACHING OF LACAN FOR LACANIAN ORIENTATION PSYCHOANALYSIS A FUNÇÃO DO DESEJO NO PRIMEIRO ENSINO DE LACAN PARA A PSICANÁLISE DE ORIENTAÇÃO LACANIANA Erick Marcelo Fernández Durán y Gabriela Urriolagoitia Universidad Católica Boliviana “San Pablo” RESUMEN La presente investigación fue realizada con el propósito de estudiar el estatuto del concepto de deseo dentro de la primera enseñanza de Jacques Lacan.

Busca identificar y articular algunas conceptualizaciones que atañen a la noción del deseo a partir de los primeros textos que desarrolla Lacan, en tanto guardan una relación con la teoría de los sueños de Freud y las nociones de deseo que desarrollaron Hegel y San Agustín. De tal modo, se identificó la noción de deseo para Freud; se desarrolló la génesis del concepto de deseo para el psicoanálisis de orientación lacaniana, de modo que se estudió la noción de deseo para Hegel y San Agustín; y se planteó la constitución del sujeto en relación al concepto de deseo según Lacan.

Del análisis realizado se concluye que la función que el deseo tiene para el psicoanálisis de orientación lacaniana es la de hacer operativa la falta en el sujeto. De tal modo, el deseo es un factor clave para el despliegue de la clínica psicoanalítica porque permite la localización del “sujeto deseante”, a partir del cual es posible emprender un análisis.

  • Palabras clave: Deseo, Jacques Lacan, Sigmund Freud.
  • ABSTRACT This study was made with the purpose of reviewing the concept of desire within Jacques Lacan’s first teaching.
  • The investigation tries to identify and articulate some conceptualizations that concern the notion of desire from the first texts developed by Lacan, while these are related to Freud’s theory of dreams, and the previous notions of desire developed by Hegel and St.

Augustine. In this way, the concept of desire for Freud was identified; the origin of the desire concept for lacanian orientation psychoanalysis was developed; and the constitution of the subject was explained in relation to the concept of desire according to Lacan.

  1. The study concludes that the function that desire has for the lacanian orientation psychoanalysis is that it makes operative the lack in the subject.
  2. In this way, desire is a key factor for the deployment of the psychoanalytic clinic because it allows the localization of the “desiring subject”, from which it is possible to undertake an analysis.

Key words: Desire, Jacques Lacan, Sigmund Freud. RESUMO A presente investigação foi realizada com o objetivo de estudar o status do conceito de desejo na primeira ensino de Jacques Lacan. Desta forma, a noção de desejo na Freud foi identificada; a noção de desejo de Hegel e Santo Agostinho estudou desenvolvidos; e a constituição do sujeito foi proposta em relação ao conceito de desejo segundo Lacan.

  • A análise conclui que o papel que o desejo de psicanálise de orientação lacaniana é operacionalizar a falta no sujeito.
  • Assim, o desejo é a chave para o desenvolvimento da clínica psicanalítica, pois permite a localização do “sujeito desejante” a partir do qual é possível realizar uma análise.
  • Palavras-chave: Desejo, Jacques Lacan, Sigmund Freud.

INTRODUCCIÓN Freud encontraba en el deseo una explicación de la formación del síntoma, como un recurso que evite las causalidades biologicistas y dé paso a la comprensión del inconsciente. Para vislumbrar esta idea, nos remontamos a “La interpretación de los sueños”, obra en la que el “Wunsch” (deseo; que también puede ser traducido como anhelo) halla su lugar en la obra de Freud finalmente y en que se resalta la importancia de la palabra del sujeto.

A partir de este momento, se desprende la clínica freudiana y se agudiza el alcance de sus conceptos. Este avance no pudo haberse dado si Freud no habría puesto en manifiesto que existe una realización de los deseos en los sueños. Más aun, Freud comprendía que existen deseos que causan la formación de los sueños y los vinculaba con una realización espontánea de su meta, a manera de una realización alucinatoria.

Por tanto, estos deseos para Freud, no son más que energía sexual insatisfecha, que encuentran su realización por medio de los sueños. A partir de este primer punto, cabe observar dos características clave del estatuto del deseo para Freud. Primero, el autor advertía la existencia de un plural de deseos y no así desde la singularidad.

Segundo, Freud adquiere la perspectiva del “Wunscherfüllung” (cumplimiento de deseo) como la vehiculización de la realización de los deseos. En consecuencia, a partir del Wunscherfüllung Freud halla en el mismo, un valor de transacción muy característico a lo largo de su enseñanza, que hace que esta energía sexual insatisfecha, se halle representada y realizada mediante el sueño.

Por otro lado, desde la óptica de Kojève, Hegel comprendía el deseo como el deseo de reconocimiento por el otro. Es decir, que el deseo es un punto clave para que el hombre sea hombre, pues esto sólo puede suceder ante los ojos del otro. Resultando, en un hombre completamente enganchado al otro mediante el deseo.

Así lo indica Kojève, en “Introducción a la lectura de Hegel” (1947) cuando señala: “El deseo es humano solamente si uno desea, no el cuerpo, sino el deseo del otro () es decir, si quiere ser “deseado” o “amado”, o más bien “reconocido” en su valor humano () En otras palabras, todo Deseo humano, () es como en última instancia una función del deseo de reconocimiento” (Kojève, 1947, p.66).

Es sobre la base de este razonamiento, que se llega a la idea de que “el deseo es el deseo del otro”. Porque “el deseo hacia un objeto natural siempre estará mediado por el deseo de otro dirigido al mismo objeto: es humano desear lo que los otros desean, porque ellos lo desean” (Kojève, 1947, p.14).

  1. De esta manera, Hegel explica que el ser humano siempre estará subordinado a la interacción social y su vida se regirá de acuerdo al poder del otro.
  2. Más aun, ya que el hombre se encuentra oprimido bajo este poder del otro, para lograr el reconocimiento de su deseo, necesita luchar por su propio prestigio “arriesgando su propia vida”.

Esta lucha por el deseo propio es conocida como la dialéctica del Amo y del Esclavo. Para Hegel, esa acción que el hombre hace para dirigirse al otro, es la que forma el Yo y la idea que se forma de sí mismo. Una acción, a manera de lucha encarnizada que el hombre desata; en la que puede terminar como vencedor (Amo) o vencido (Esclavo).

El Amo es aquel que ha logrado la dignidad humana, es decir, el que alcanza el reconocimiento de su deseo y ha sometido al otro débil. Mientras que el Esclavo es quien perdió y fue sometido; condenado a retornar al ser-dado de la realidad natural y satisfacer el deseo del otro. Lo que mueve la acción es el deseo, por tanto: es el motor de la historia y del mundo, pues el vínculo Amo-Esclavo es una relación social fundamental.

Este vínculo denota que ambos, el Amo y el Esclavo son dependientes el uno del otro. Pues el Amo consume lo que el Esclavo le brinda, y el Esclavo produce por el sometimiento del Amo. En síntesis, todos estos conceptos antes mencionados permitieron que Lacan construya su propia orientación hacia la clínica psicoanalítica brindando un concepto fundamental para su obra; el deseo.

  • Se permite entonces, entrever que Lacan hizo un intento de formalizar el Wunsch freudiano por medio de recursos filosóficos basados en las ideas de Hegel.
  • Teniendo como resultado, el resurgimiento de un concepto que, durante los años posteriores a Freud, no había sido valorado en la teoría psicoanalítica.

En este sentido, la presente investigación pretende identificar la función del deseo en la primera enseñanza de Lacan para el psicoanálisis de orientación lacaniana. Examinando la génesis de su concepto de deseo, estableciendo el concepto de deseo propuesto por Freud y situando la articulación que existe entre la noción de deseo y la constitución del sujeto para el psicoanálisis de orientación lacaniana.

  • MÉTODO La presente investigación es de tipo bibliográfica y recurre a un modo de investigación planteado desde el psicoanálisis.
  • Freud, desde un principio plantea al psicoanálisis como un modo de investigación y no solamente como un modelo de intervención clínica.
  • Sin embargo, para comprender el carácter que la investigación en psicoanálisis tiene, se debe determinar correctamente las bases epistemológicas del psicoanálisis en oposición de la ciencia positivista contemporánea.

Con este fin, Lacan busca delimitar el área del psicoanálisis atañéndolo al campo de las “ciencias de la subjetividad”, como un modo de enfatizar que, a diferencia de las ciencias exactas, el psicoanálisis se orienta hacia el sujeto (Solíz y Unzueta, 2010).

  • El psicoanálisis se funda sobre la base de una epistemología discontinuista, dentro de la cual se comprende que existe una ruptura entre la realidad y los sentidos; es decir, existe una discontinuidad temporal en el conocimiento (Mansur, s.f.).
  • Por lo tanto, bajo esta epistemología los conceptos y teorías producen saberes que no invalidan los saberes anteriores a estos, sino que los resignifican a base del contexto en el que se encuentran.

Así, se permite la concepción del inconsciente como un lenguaje que puede devenir como objeto de estudio. El psicoanálisis es una disciplina que cuenta con un rigor epistemológico, en tanto los conceptos mayores que la fundamentan cuentan con una cierta coherencia interna que permite el despliegue de la teoría.

  1. Del mismo modo, la teoría psicoanalítica sigue una lógica que permite el estudio de la estructura de los conceptos y los fundamentos en los que se basa.
  2. La presente investigación pretende ahondar en el saber de la teoría psicoanalítica pero no en la verdad.
  3. El saber y la verdad son distintos, el saber corresponde meramente a la dimensión conceptual; mientras que la verdad es singular y no corresponde a una teorización como la que se logra en una investigación.

En ese sentido, el saber remite a un orden imaginario de significaciones, es decir, recae sobre una lógica de significantes con significados precisos. La verdad atañe a la historia singular, producto de la sobredeterminación inconsciente de cada sujeto.

En ese sentido, se puede plantear que no puede existir una epistemología de la verdad subjetiva en tanto esta constituye un límite para la teoría del conocimiento. Esto se debe a que no existe un sujeto de la ciencia en sí, sino sólo problemáticas y fenómenos con un orden a ser investigados, profundizados y discutidos.

La investigación en psicoanálisis forma un eje indispensable para la práctica analítica. Mediante la investigación se puede enriquecer, precisar y fortalecer el corpus teórico de la clínica. Con este fin, se permite coadyuvar a la eficacia de la intervención clínica; tanto cuanto todavía hace posible mantener un campo de intervención útil en la época contemporánea.

  • En este sentido, la investigación contribuye a que la teoría psicoanalítica se mantenga actualizada respecto a su utilidad en la época actual.
  • Para ello también es necesaria la revisión de textos fundamentales de autores que, si bien pueden ser considerados anticuados desde una óptica continuista, contienen claves que esclarecen la problemática de los fenómenos actuales en tanto la teoría es resignificada a la luz de la clínica actual.

Por esta razón, el estudio de los textos de Lacan o de Freud requiere un cierto rigor crítico que permita aportar a la construcción de una teoría actual. En este sentido, la investigación en psicoanálisis no consiste simplemente en recolectar citas de cada autor para así formar conceptos.

La revisión de conceptos no se basa puramente en la conjunción de enunciados, sino que trata de cuestionar qué es lo que cada autor quiso decir durante ese momento de su enseñanza (Miller, 1997). Por lo tanto, la investigación busca interpretar y analizar las citas de los autores según el contexto de cada enseñanza; para así localizar, construir y explicar lo que quiere decir cada texto.

Hacer un estudio cronológico e histórico de las enseñanzas no permite dar cuenta de la utilidad de la teoría en la clínica actual y por esa razón, la presente investigación no pretende hacer un estudio de esa índole. Investigar es un acto, tanto cuanto consiste en construir un saber que responda a las problemáticas actuales.

  • Del mismo modo, ninguno de los conceptos o matemas que Lacan formuló cuentan con una significación unidireccional.
  • Al contrario, todos ellos son susceptibles de ser interpretados de diversas maneras.
  • Es por ese motivo que cada investigación debe localizarse en determinados momentos de la enseñanza de Lacan para así obtener resultados consecuentes.

Tal es el caso del concepto de deseo, cuyo significado ha transcurrido por diferentes contextos y se ha relacionado con distintas nociones dependiendo de la obra freudiana y lacaniana. Tal es el motivo de elegir un momento preciso de su enseñanza para así emprender una investigación clara y consecuente.

  • Con este fin, para que en la presente investigación se pueda explicar la función del deseo en la primera enseñanza de Lacan para el psicoanálisis de orientación lacaniana, se abordó la obra del autor desde los años 1957 hasta 1960.
  • En síntesis: se hizo una revisión del Seminario 5: “Las formaciones del inconsciente” (1957- 1958), “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), Seminario 6: “El deseo y su interpretación” (1958- 1959) y “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” (1960).

Además, también se investigó los textos: “Interpretación de los sueños” (1900) de Freud, “Introducción a la lectura de Hegel”, “La dialéctica del amo y el esclavo en Hegel” y “La idea de muerte en Hegel” de Kojève (textos de su enseñanza de 1933 a 1939).

  1. Por otra parte, también se tomaron en cuenta los siguientes seminarios: “Los divinos detalles” (2010) y “Donc: La lógica de la cura” (2011) de Jacques-Alain Miller.
  2. Así mismo, como fuentes secundarias, se investigaron los siguientes textos: “El concepto de objeto en la teoría psicoanalítica: Sus incidencias en la dirección de la cura” (1988) de Diana Rabinovich, “Presentación del Seminario VI” (2013), “El Otro sin Otro: Una lectura del Seminario VI” (2013) de Jacques-Alain Miller, entre otros.

LA GÉNESIS DEL CONCEPTO DE DESEO PARA EL PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA Para comprender el estatuto que el deseo tiene para el psicoanálisis de orientación lacaniana, primeramente, es necesario hacer un rastreo del origen que este término tiene.

El deseo, desde la lengua castellana, francesa e italiana; proviene del latín “desiderium” y del verbo “desiderare”. Verbo que significaba “esperar a lo que las estrellas nos traigan” o “pedir el tiempo o las condiciones atmosféricas favorables al crecimiento de las plantas” (Corominas, 1987, p.208).

Mientras que en el caso de la lengua alemana, existen las palabras “Begierde” y “Wunsch”. Si bien ambas hacen referencia al deseo, a la vez tienen connotaciones diferentes. Pues, “Begierde” significa apetito o apetencia; mientras que “Wunsch” expresa deseo, voluntad o anhelo.

“Wunsch” es el término que Freud utiliza para hablar sobre el deseo inconsciente, al contrario, el término “Begierde” es utilizado por Hegel para hablar de la dialéctica del deseo. A propósito de esto, Lacan (1957- 1958) encuentra curioso que Hegel utilice “Begierde” cuando habla del Amo y del Esclavo, ya que es un término “demasiado animal” (p.388) a diferencia del tema que Hegel trata en su obra.

Además, cabe recalcar que Freud, en ocasiones, también utilizaba el término “Lust” para referirse al deseo. Este, sin embargo, connota un deseo orientado más hacia una acción que hacia un objeto (Macey, 1995). Mientras que “Wunsch” fue utilizado para el contexto de la interpretación de los sueños, tal como se lo desarrolló anteriormente.

  • Por otro lado, Lacan utiliza la palabra “Désir” cuando desarrolla su concepto de deseo.
  • Este término, dadas sus características etimológicas, implica una categoría más abstracta y amplia que el término que utilizaba Freud.
  • En efecto, “Désir” tiene la connotación de fuerza continua, que evoca una mayor relación con el “Begierde” hegeliano que con el “Wunsch” freudiano (Macey, 1995).

Este nuevo término que Lacan utiliza, engloba tanto el “Wunsch” como el “Lust” que Freud empleaba y unificó al deseo como un concepto crucial para el psicoanálisis. Si se lo ve desde esta perspectiva, esta también fue una movida que Lacan aprovechó para reorientar la teoría que Freud, en un principio, había planteado.

  • Sin embargo, otras referencias que Lacan toma no dejan de aportar antecedentes para el entendimiento del deseo según el psicoanálisis.
  • Pues, como él señala, quienes han dado más importancia al deseo han sido los poetas y los filósofos.
  • En cuanto a poesía y literatura, Lacan cita la obra de John Donne, Shakespeare, Cazotte, entre otros; para ubicar en su obra el lugar fundamental que el deseo juega en la vida humana.

Sin embargo, obviamente, su obra no conlleva una conceptualización propia de cada autor, sino que ella se esgrime desde la interpretación que Lacan hizo de ellas. De este modo, a continuación, se introducirán las nociones propias de deseo según San Agustín y Hegel respectivamente.

Debido a que la obra de ambos autores es la que más influyó en la concepción del deseo para el psicoanálisis lacaniano. Nótese, entonces, el acento sobre la idea del deseo como un afecto que provoca tensión interna para San Agustín y sobre la idea de deseo de reconocimiento en Hegel. El anhelo en la obra de San Agustín La filosofía agustina (siglo IV) acentúa la importancia de las pasiones en la moral.

En este sentido, San Agustín pone en relieve la existencia de un mundo afectivo en el ser humano, el cual es el que permite que el hombre piense, sienta, entienda, desee y ame. Para comprender mejor este mundo afectivo, San Agustín sigue la clasificación que los filósofos platónicos hicieron sobre los afectos o pasiones.

Los afectos son cuatro: deseo (cupiditas), alegría (laetita), miedo (metus) y tristeza (tristitia). Los afectos constituyen el fundamento más íntimo del ser humano, pues son lo que San Agustín llamaba “movimientos del alma”. Estos movimientos de los afectos o pasiones dependen de una tensión temporal de la interioridad, la cual se juega dentro de la relación con las cosas que el hombre tiene y el movimiento del futuro al pasado (Chávez, 2010).

Entre estos afectos o pasiones, está el deseo entendido como una apetencia. Este deseo es un amor que codicia tener lo amado, por lo cual es un afecto que tiende al futuro. Al respecto, San Agustín entendía que los afectos que mueven al alma dentro de una temporalidad, tal como lo es el caso del deseo, provocan en el hombre una inquietud permanente.

  1. Es decir, perturban el alma.
  2. El deseo (cupiditas) es deseo de lo que no se tiene, y es una herida del alma porque lleva a la angustia incesante de la dialéctica del tener-perder cosas temporales.
  3. Al contrario, dice San Agustín, el camino hacia la tranquilidad afectiva consiste en desear algo que no se puede perder.

Este camino, desde luego, es por la vía de Dios. De esta manera se devela una característica fundamental del deseo en la filosofía agustina: el deseo genera tensión en el alma. Los afectos, si bien en un primer momento son entendidos como perturbaciones del alma, son en realidad parte importante de la condición humana finita y frágil.

  1. Su ausencia, por otro lado, no significa la rectitud moral del hombre; sino que denota insensibilidad, dureza y arrogancia de su parte.
  2. Esto pues, en el entendido que los afectos son parte necesaria para convertirse al camino recto en comunión a Dios, pues ellos permiten que el hombre sienta dolor al ver la miseria de su mundo.

De este modo, surge un segundo momento en el cual el deseo halla una función aún más importante. El deseo no es malo en sí, al contrario, depende de su orientación según la voluntad de cada hombre para ser malo o bueno. Cupiditas, por tanto, es deseo de lo propio, mientras que caritas es deseo de Dios.

  1. El deseo de posesión acarrea la angustia y conduce al hombre al apego a todo lo que es desmedido.
  2. Al contrario, lo que el alma humana necesita es el deseo del bien total.
  3. De este modo, San Agustín logró construir una verdadera fenomenología del deseo o anhelo, anudados por el amor y la voluntad.
  4. Proponiendo que el origen de la angustia son las desviaciones del deseo, pero a la vez definiendo al hombre principalmente como un anhelo de felicidad.

De este modo, San Agustín revela las principales características del deseo para él. Este deseo es principalmente una tensión en el hombre, que siempre es deseo de algo que lleve al gozo y al deleite de esta tensión. Además, otro aspecto fundamental del deseo agustino, es que siempre estará mediado por la voluntad.

  1. En la medida que la voluntad es la que permite al deseo tomar un espacio en la acción del hombre.
  2. El deseo de reconocimiento en la obra de Hegel Uno de los principales estudiosos de la obra de Hegel fue Alexandre Kojève, quien aportó con su propia interpretación de la “Fenomenología del espíritu” y dictó cursos en Francia, donde impartía sus hallazgos.

Fue a razón de estos cursos que Kojève dictaba, que Lacan se sumió en el pensamiento de Hegel y adoptó un encuadre dialéctico para utilizarlo en su teorización del psicoanálisis. Al igual que en todo el pensamiento francés del siglo XX, la filosofía hegeliana fue adoptada hondamente por Lacan, así como también lo fue el concepto de deseo que Hegel desarrolló a lo largo de su obra.

Esta identificación con la problemática del deseo para Hegel fue un bastión a partir del cual Lacan trabajó su propia conceptualización, hasta el punto en que se puede decir que la noción de deseo “le viene más de Hegel que de Freud” (Miller, 2011, p.197). Por lo cual, es imperante hacer una revisión sobre los conceptos que Hegel aplica para desarrollar su noción de deseo (Begierde), de manera tal, que posteriormente sea posible entender las diferencias y similitudes entre el deseo para el psicoanálisis y el deseo de la filosofía hegeliana.

Teniendo entendido, en primer lugar, que Hegel utiliza la palabra “Begierde” para hablar sobre deseo y no así la palabra “Wunsch” tal como lo hace Freud. La filosofía hegeliana se despliega a través de numerosas tríadas que explican la realidad. Entre estas tríadas, se estudió: la dialéctica de la consciencia, la dialéctica del Amo y del Esclavo y la dialéctica del deseo; ya que ellas fueron retomadas por Lacan al momento de plantear su propia noción de deseo.

  • Si bien en el primer caso, de la dialéctica de la consciencia, es factible afirmar que Lacan la utiliza para explicar la identificación primordial durante el estadio del espejo, también esta es usada por Lacan para exponer la dinámica del deseo que se juega en esa misma corriente dialéctica.
  • Es decir, la dialéctica del deseo no se puede entender sin la dialéctica de la consciencia, pues lo que se juega en la dialéctica de la consciencia es el reconocimiento de uno por el otro y viceversa.

Para Hegel, la consciencia está ligada al reconocimiento reciproco del deseo en la relación del sujeto con el otro. Sobre este principio de la dialéctica de la consciencia es que se despliega el estatuto que el deseo tiene dentro de la dialéctica del Amo y del Esclavo, pues el deseo surge gracias a la contradicción con respecto al objeto.

  • Para Hegel, la consciencia comienza en forma de deseo: el Yo necesita ser reconocido por otras consciencias para tener una plena consciencia de sí (Kojève, 1947).
  • A este punto Kojève (1947) agrega que el humano se distingue de lo animal; el ser se distingue de la naturaleza, porque el deseo no se dirige a un objeto, sino que es deseo del deseo del otro.

El “ser-dado” (tesis) debe transformar el objeto de la naturaleza, niega lo natural (antítesis) para devenir en el hombre creador o histórico (síntesis) (Kojève, 1934). Es decir, esta propiedad negadora del hombre es lo que hace de él un “Yo que piensa y habla”, totalmente separado de la conexión natural que le da la existencia.

  1. Con el fin de explicar ese carácter negador del hombre, Hegel introduce la dialéctica del Amo y del Esclavo, como una forma de enfatizar la necesidad de lucha que tiene el hombre.
  2. La importancia que la dialéctica del Amo y del Esclavo tiene para la filosofía y el pensamiento moderno, es que esta dialéctica explica la relación social fundamental, en la medida que cada sociedad se compone por dos comportamientos humanos distintos.

De este modo se puede comprender que la dialéctica del reconocimiento recíproco se establece en la dialéctica del deseo. Que el deseo sea “deseo del deseo del otro”, significa que toda consciencia desea ser reconocida en el otro, en la medida en que el otro desea reconocerse en ella también.

El individuo solamente puede reconocerse como consciencia “de sí” por intermedio de otro. Sin embargo, para que esto ocurra, el individuo debe negar al otro en tanto consciencia deseante. Esa es la única manera de satisfacer el deseo; mediante la oposición a otra consciencia deseante, de la que el hombre exige ser reconocido.

Esta es la fórmula que Lacan posteriormente tomará para explicar que el deseo inconsciente, el deseo humano, se basa en una dialéctica de desear ser deseado. En la dialéctica del deseo como “deseo de deseo del Otro” es que se puede comprender el verdadero estatuto del hombre histórico: el Hombre-del-Deseo (Kojève, 1947, p.437).

  • Ese es el verdadero hombre para Hegel, porque ese es el hombre insatisfecho con lo que es y quien es capaz de transformar lo dado mediante la lucha y el trabajo.
  • LA NOCIÓN DE DESEO EN LA OBRA DE FREUD La base del desarrollo lacaniano sobre el deseo se cimienta en Freud, esto se debe a que fue él quien comprendió al deseo como una actividad fundamentalmente inconsciente.

De esta manera, se devela un estatuto básico para la comprensión del deseo para Lacan: el deseo es el deseo inconsciente y, por lo tanto, el inconsciente es la fuente del deseo. Freud llegó a delimitar las bases del estatuto del deseo para el psicoanálisis, sin embargo, su teorización se avoca principalmente al ámbito del “cumplimiento del deseo” como una forma de tratamiento de los contenidos reprimidos del inconsciente.

En este sentido, es necesario comprender que el énfasis que Freud hace respecto al deseo, se enfoca en la relación que el deseo tiene con los sueños. Para Freud, el deseo inconsciente comparte todas las características que los contenidos exclusivos del sistema inconsciente tienen. De tal forma, se entiende que estos “actos anímicos” tienen la característica de indestructibilidad y constancia.

Así señala el autor cuando indica que son deseos “siempre alertas, dispuestos en todo momento a procurarse expresión cuando se les ofrece la oportunidad de aliarse con una moción de lo consciente y de transferir su mayor intensidad a la menor intensidad de esta” (Freud, 1900, p.545 – 546).

  1. Otra característica clave del deseo como parte del sistema inconsciente es el valor retroactivo que este tiene; pues como Freud indica, estos deseos que se encuentran en estado de represión son de procedencia infantil.
  2. De esta manera, se revela un punto clave del deseo inconsciente según Freud, pues si bien en un principio él señala que los deseos se originan en la oposición entre la vida consciente y la actividad psíquica que permanece inconsciente (como bien se explica en la introducción de esta obra) el autor posteriormente indica que el deseo es fundamentalmente actividad psíquica reprimida que se habría originado en la infancia (Freud, 1900).

En “La interpretación de los sueños” (1900), Freud descubre que el sueño es una manera de satisfacer impulsos inconscientes que fueron reprimidos en la infancia y que sólo allí hallan manera de expresarse. Así, Freud halla el valor del deseo como un catalizador del sueño, que asociado a otros contenidos de la vida diurna (conscientes) encuentra una vía para ser satisfecho.

  1. El deseo se alía a “pensamientos de vigilia” para así superar la censura onírica que demarca la barrera de la represión en el sujeto.
  2. De esta manera, para Freud el sueño se presenta como irreconocible en su relación al deseo, pero aun así encuentra una vía para el cumplimiento del deseo.
  3. Tomando en cuenta que este proceso ocurre más en adultos, pues la represión ya se ha constituido como parte del aparato psíquico del sujeto.

Mientras que, en los niños, el deseo en los sueños se presenta más de manera franca debido a que la separación y la censura entre preconsciente e inconsciente aún no existe (Freud, 1900). Estos datos nos brindan esbozos para entender que el deseo para Freud, es más una manera que tiene el inconsciente de tramitar los contenidos que se encuentran reprimidos en el sujeto.

Bajo esa lógica, podemos concluir que la finalidad del deseo freudiano consiste en que estos contenidos se vean expresados en el exterior mediante el sueño (la vida consciente), porque sólo de esa manera se conseguirá que estos impulsos se vean satisfechos aun cuando se sabe que son impulsos indestructibles y que solo se satisfacen ilusoriamente.

Para explicar este fenómeno, Freud argumenta que debe existir una vehiculización de estos contenidos reprimidos para así hallar su expresión en la vida consciente mediante el sueño. Esta vehiculización de contenidos recibe el nombre de “Wunscherfüllung”, es decir “cumplimiento de deseo”.

De este modelo de abordaje al deseo, podemos sustraer algunos aspectos fundamentales para la comprensión de la primera tópica freudiana respecto al inconsciente. En primer lugar, acaece el concepto de la energía psíquica entendida también como energía libidinal, la cual es constante y siempre se encuentra en movimiento dentro del aparato psíquico (sistema inconsciente, sistema preconsciente y sistema consciente).

Como ya se lo explicó antes, esta energía siempre se procura expresión en la consciencia, pero para hacerlo debe burlar la barrera de la represión. Con este fin, esta energía libidinal presente en los contenidos inconscientes hace una operación de transacción con los contenidos de los otros sistemas, en la cual se ganan y pierden cargas que hacen que el contenido inconsciente se deforme de tal manera que supere a la represión.

Tal es el caso del deseo, que realiza exactamente el mismo proceso para lograr el cumplimiento de deseo en el sueño. Como ya se puede suponer, el resultado son las llamadas “formaciones del inconsciente” entre las cuales se identifica el sueño. En segundo lugar, podemos también acordar que existe un trabajo de condensación y desplazamiento del deseo dentro de los sueños.

En este sentido, los contenidos inconscientes tienen la potestad de encuadrarse en el sueño sin importar la forma en la que el sueño se manifieste, introduciendo una “cantidad puesta libremente a disposición en el volumen adecuado” (Freud, 1900, p.553) del deseo inconsciente en el sueño.

Como resultado, Freud afirma que en la mayoría de los sueños puede reconocerse la figuración directa del cumplimiento de deseo, pues cada sueño posee en el centro una particular intensidad sensible. Esta intensidad psíquica, que si bien se muestra mediante pensamientos oníricos (contenidos conscientes) en el sueño, ha sido sustituida, vale decir desplazada, por la intensidad sensorial que sólo el deseo inconsciente tiene.

Dicha afirmación avala la importancia del sueño dentro del trabajo analítico. Pues demuestra que en cada sueño existe un desplazamiento que permite que el inconsciente emerja a la superficie. Dicho en otras palabras, el sueño es una formación del inconsciente y por lo tanto es apto para ser analizado.

Esta formación del inconsciente no es otra cosa más que el cumplimiento de deseo, que se difunde en el sueño mediante una esfera de nexos que permiten que este contenido inconsciente se esconda bajo los pensamientos oníricos. Por consiguiente, dado que el cumplimiento de deseo se encuentra escondido dentro de todas las manifestaciones oníricas, no hay importancia si estas expresiones oníricas se muestren contrarias al deseo que ocultan.

De tal manera, tal es la fuerza psíquica que tiene el cumplimiento de deseo, que este posee una “fuerza figurante” capaz de difundirse dentro de los elementos del sueño sin importar que estos sean contrarios a la naturaleza del deseo que provocó el sueño.

Hasta este momento de la obra de Freud, es posible comprender que el deseo es fundamentalmente una experiencia de satisfacción, la cual está ligada a una imagen mnémica que busca volver a provocar la satisfacción primera. Por otro lado, posteriormente Freud señala que el deseo también tiene una relación con la pulsión.

En este sentido, Freud afirma que lo inconsciente brinda una “fuerza pulsionante” (Freud, 1900, p.556) que permite el cumplimiento de deseo. Mas al contrario, es necesario aclarar que ambos son dos conceptos heterogéneos que en este punto actúan para lograr el mismo fin.

Vale decir, que el deseo se sirve de la lógica pulsional para así procurarse el cumplimiento de deseo. Este nexo entre la pulsión y el deseo es abordado por Freud con más detalle en un texto posterior, más precisamente en “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” (1908), en el cual introduce el concepto de fantasía como una forma de “sueño diurno” y, por lo tanto, también como un cumplimiento de deseo.

En este texto, Freud afirma que la fantasía une dos elementos heterogéneos: la satisfacción pulsional y el deseo prohibido, y que esta unión de ambos elementos da lugar a un síntoma neurótico. Sin embargo, más allá de esta relación, el cumplimiento de deseo no deja de estar principalmente determinado por un deseo infantil reprimido, el cual es sin lugar a dudas, la fuente del deseo.

Más específicamente, se puede afirmar que el deseo va del lado de lo prohibido, así como también del lado de lo imposible. En efecto, una diferencia esencial entre el deseo y la pulsión que se obtiene de este razonamiento; consiste en que el deseo no puede ser satisfecho, mientras que la pulsión sí. Para comprender de mejor manera qué son estos deseos infantiles que van del lado de lo reprimido y lo imposible, es necesario abordar la lógica del objeto que el autor instituyó en este momento de su obra.

En dicha instancia, Freud habla del “objeto de satisfacción” (Freud, 1900, p.588), haciendo referencia a un objeto que parte de la idea de una satisfacción originaria que a partir de ese momento buscará ser revivida, para recobrar aquella primera satisfacción.

En este sentido, el deseo va en busca de una satisfacción originada en la infancia, que es además imposible de recuperar porque la represión ha operado. Esta lógica del objeto de satisfacción es difícil de diferenciar de la lógica del objeto de la pulsión, porque ambos objetos hallan trabajo dentro del sistema inconsciente y se expresan mediante la lógica de la satisfacción.

Más aun, esta noción del “objeto de satisfacción” ya mencionada, será posteriormente reeditada mediante la noción del “objeto perdido”; el cual es mencionado por primera vez en el texto “Acciones casuales y sintomáticas” (1901, p.203). Esta nueva noción hace referencia a un objeto mítico que parte de la idea de una satisfacción originaria que, por consiguiente, también es mítica.

En este sentido, el deseo va en busca de algo no sólo perdido, sino además imposible. De igual modo, es una noción que atañe a los objetos de la trama edípica que son de naturaleza incestuosa y por tanto, prohibidos; a la misma vez, que por ser perdidos son también imposibles de recuperar. Sin embargo, la noción de objeto perdido tampoco permite diferenciar completamente al deseo y la pulsión.

Este impasse para diferenciar ambos conceptos en la obra de Freud, no será solucionado hasta la obra de Lacan, quien posteriormente atribuirá a cada uno los registros respectivos. Por consiguiente, el cumplimiento de deseo es en realidad una satisfacción alucinatoria del deseo.

  1. Es solamente una realización del deseo que se da mediante los representantes psíquicos, el cumplimiento de deseo es imposible por estructura.
  2. Lo que se da es una ilusión de satisfacción que solamente permite que el deseo emerja en la consciencia y esa energía sea transformada.
  3. Lógicamente, si el deseo realmente fuera satisfecho, el hecho sería semejante a una alucinación; pues se trata de necesidades insatisfechas originadas durante la infancia que obviamente no pueden ser satisfechas más, pues están perdidas.
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A razón de esta imposibilidad, Freud puntualiza sobre la diferencia de la experiencia del deseo entre la neurosis y la psicosis. En el caso de la psicosis, la satisfacción de la necesidad es igualmente imposible como en la neurosis, pero ocurre de una manera más primitiva.

En conclusión, si se sigue la lógica del desarrollo freudiano, se llega a entender la importancia que la noción de deseo tiene para la teoría psicoanalítica. Para Freud, el deseo es una moción psíquica que busca reinvestir la percepción de la satisfacción originaria proveniente de la infancia, vale decir; su origen es un deseo infantil sofocado.

Mientras que, el cumplimiento de deseo es la reaparición de esta percepción antes mencionada; a manera de una satisfacción alucinatoria que se expresa mediante los sueños y, en su defecto, también mediante el síntoma. Más aun, el deseo propicia la capacidad de fantasear, de imaginar y, por lo tanto, constituye también la base para la articulación fantasmática.

  1. Esta será la idea que posteriormente Lacan retomará para edificar toda la teoría de la constitución subjetiva.
  2. Pues comprenderá que el deseo es el resto de la satisfacción originaria que deja algo perdido por estructura, y que el resultado de esa operación es el sujeto deseante.
  3. Dando paso a una de las nociones fundamentales para el psicoanálisis de orientación lacaniana.

LA CONSTITUCIÓN DEL SUJETO DESDE LA PERSPECTIVA DE LACAN La concepción del deseo para el psicoanálisis, tal como Lacan la entiende, no tendría relevancia si no fuera a partir de la constitución del sujeto. En ella, se encuentran las claves para entender la función que el deseo tiene dentro de la disciplina psicoanalítica, pues es sobre la base de la noción de sujeto que se anuda el deseo dentro de la teoría.

  • El deseo, bajo la comprensión lacaniana, constituye la esencia del hombre y, por consiguiente, la base de la práctica analítica.
  • En consecuencia, surge la noción de “sujeto deseante” como un resultado lógico de lo que Lacan denominó constitución subjetiva.
  • La constitución subjetiva es una sucesión de tiempos lógicos que principalmente articulan los efectos que el Otro tiene sobre el sujeto.

Bajo la perspectiva psicoanalítica, la noción de sujeto no se trata del ser vivo en tanto animal viviente. Sino que alude a una falta, a una división que es causada por el lenguaje. El organismo, por tanto, queda trastocado de manera permanente. De modo que recién sea posible hablar de términos profundamente humanos, tal como lo es en el caso del deseo.

La constitución del sujeto puede ser abordada de diferentes maneras y perspectivas. En efecto, Lacan flanqueó esta problemática a partir de distintos puntos de referencia; entre los cuales, aportó con una innovadora explicación del complejo de Edipo a partir de la metáfora paterna. Y con la creación del grafo del deseo para aportar con una nueva visión del psicoanálisis, inédita hasta ese momento.

Ambos aportes se complementan de manera tal, que la noción de sujeto pudo ser delimitada para la práctica analítica; y con ella, el concepto de deseo encontró un lugar firme en el cual asentarse. Metáfora paterna Es necesario comprender que existe un proceso lógico por el cual el sujeto transcurre desde que está inserto en el universo de los significantes.

El resultado de este proceso es la constitución de un sujeto en pleno derecho; de un sujeto deseante, que no es otra cosa más que un sujeto dividido por el significante. Uno de los momentos primordiales para la constitución del sujeto es el complejo de Edipo, donde opera la castración y entonces, acontece en el sujeto una nueva manera de gozar y, por lo tanto, una manera de hacer lazo con el objeto perdido.

En estos términos, una operación fundamental para abordar la cuestión del deseo y la constitución subjetiva es la metáfora paterna. Comprendiendo que lo que una metáfora provoca es una sustitución entre la cadena de significantes del nivel superior, que indefectiblemente crea un nuevo sentido a nivel de los significados del nivel inferior que constantemente se están deslizando.

La metáfora paterna o también llamada metáfora del Nombre del Padre que se circunscribe dentro del Edipo, es una sustitución de significantes en la cual el Deseo de la Madre es sustituido por el Nombre del Padre. Si tenemos en cuenta que en el primer tiempo del Edipo el hijo ocupa la posición de falo de la madre, es decir, el hijo es el objeto de Deseo de la Madre (pues el hijo desea el Deseo de la Madre y para satisfacer ese deseo se pone en posición de su subidito) (Lacan, 1957- 1958); en un segundo momento, cuando el padre media esta relación, el padre sustituye el significante del Deseo de la Madre por el significante del Nombre del Padre mediante la operación metafórica que le permite la función paterna.

El padre entonces, es el significante que prohíbe, frustra y priva (Lacan, 1957- 1958), vale decir, que acontece en el registro real, imaginario y simbólico; haciendo un corte en esta relación de satisfacción directa entre madre e hijo. El resultado lógico de esta operación de sustitución es el falo negativo; la castración.

  1. Dicho de otro modo, es finalmente el Edipo, mediante la metáfora paterna, la explicación lógica de la falta de objeto, que acontece a su manera en los registros real, imaginario y simbólico.
  2. Y que finamente permite el advenimiento de un sujeto deseante, vale decir, de un sujeto movido por su deseo.
  3. Grafo del deseo El grafo parte desde el sujeto mítico (∆), el cual lleva ese nombre porque es una anterioridad lógica, no existente, que sirve para explicar la subjetividad correspondiente a una “pura vida” de un organismo que responde al orden de lo biológico.

Al contrario, lo que preexiste al sujeto es el lenguaje, y es en realidad con él con quien parte a encontrarse. Por lo cual, este sujeto mítico parte con la intencionalidad de satisfacer una necesidad de supervivencia. Y es en esta búsqueda de “algo” que se encuentra con el lenguaje (A), el cual le brinda una entrada al “tesoro de los significantes” que en vez de brindarle aquel tan esperando encuentro con el objeto, perturba su existencia como sujeto (∆) y comienza a demarcarse un predominio de lo simbólico.

Tras este encuentro del sujeto (∆) con el lenguaje (A), este sujeto queda subordinado a las leyes de la cultura mediante la utilización de los significantes que ésta le impone. Sin embargo, el significado llega a ser producido de forma retroactiva, cuando es el Otro (A) quien sanciona al dar significado.

Vale decir, es un camino de ida y vuelta, en el cual el sujeto toma los significantes del Otro para así poder hacer un llamado a él, y es este a su vez, quien responde a este llamado brindándole un significado al sujeto: s(A). El resultado es el sujeto dividido ($), donde la condición de “pura vida” se pierde.

  1. Pues el sujeto se encuentra sumido en el lenguaje y regido por los significantes.
  2. La condición de división que deja en el sujeto, se debe a que los significantes no son capaces de llegar a aprehender temas trascendentales relacionados a la vida, la muerte o lo sexual.
  3. Esta constitución subjetiva de la falta, se traduce en una profunda ausencia de “ser”; existente no sólo en el sujeto, sino también en el Otro (Otro barrado: Ⱥ) debido a que no es sino de allí de donde el sujeto se adueña de los significantes.

La noción de sujeto Lacan subvierte la noción de sujeto que el padre de la filosofía moderna había fundado desde la época renacentista y a partir de este cambio paradigmático, Lacan da pie al despliegue de una nueva manera de abordar la existencia del ser.

  • De esta manera, Lacan señala que, en psicoanálisis, no podemos hablar del sujeto en términos cartesianos como “substancia pensante” sino que apelamos a la noción del sujeto del inconsciente.
  • Lacan comprende que existe una separación estructural entre lo consciente e inconsciente que hacen la vida del sujeto y que esta división subjetiva es originada a partir de la función significante del Nombre del Padre.

En otras palabras, el sujeto se encuentra escindido por el orden mismo del lenguaje y, por lo tanto, el inconsciente también se encuentra estructurado como lenguaje. Lacan postula que “el inconsciente es el discurso del Otro” (Lacan, 1957- 1958, p.486).

  1. Pues el inconsciente sólo sigue la organización significante que el Otro del lenguaje contiene y, como tal, sólo puede manifestarse dentro de esta estructura.
  2. Dado que el lenguaje organiza al inconsciente, los contenidos inconscientes solo pueden manifestarse mediante las leyes del lenguaje; más específicamente, mediante los mecanismos de la metáfora y la metonimia.

De tal modo, que los contenidos reprimidos tras la metáfora paterna pueden encontrar expresión a través de las formaciones del inconsciente; constituyendo la única manera que hay para dar cuenta de la subjetividad propia de cada uno. Por consiguiente, vemos que el sujeto solamente puede ser representado mediante el lenguaje, pero es a la vez, este lenguaje el que lo aliena de su propio ser, debido a que el lenguaje proviene del Otro.

  • La alienación significante, por lo tanto, actúa como una máscara (Lacan, 1957- 1958) que presenta al deseo de una forma ambigua y que lo mantiene como un enigma para el sujeto.
  • Podemos concluir, por lo tanto, que el sujeto no podría ser definido si no fuera por el Otro.
  • Una estructura por sí misma, no alberga un significado propio, y es sólo mediante el encuentro con otra estructura que se concretiza.

Sin embargo, ninguna de estas dos estructuras es capaz de definirse completamente. Debido a que, desde el punto de vista de la subjetividad, la falta es una característica inherente al ser humano. Es la falla constituida por la castración que constantemente lo persigue; pero de igual manera, es también el motor que lo lleva a hacer algo con su propia vida.

Más aun, es esta falta la que nos hace formar parte de la cultura, la que nos permite relacionarnos con los demás y la que permite la existencia del lenguaje. De forma tal, que es factible afirmar que el sujeto es el resultado lógico del encuentro con el lenguaje. Al respecto, es necesario comprender que el sujeto desde el psicoanálisis es el sujeto del inconsciente; es decir, el sujeto del deseo.

Pues el dispositivo analítico busca escuchar al sujeto del enunciado para así emprender la práctica analítica. Las categorías de Necesidad, Demanda y deseo Desde un punto de vista más específico, este proceso de constitución subjetiva puede ser profundizado desde la relación entre la Necesidad, la Demanda y el deseo.

En la obra de Freud es posible denotar una suerte de confusión o falta de claridad respecto a la diferencia entre la naturaleza de la Necesidad y la del deseo. Para dar una salida a este conflicto teórico, Lacan propone el esquema de estas tres categorías, la cuales permiten aclarar el trasfondo de las estructuras primordiales del lenguaje, básicas para comprender la teoría de Freud.

En primera instancia, Lacan señala que Freud demarca una hiancia entre la estructuración del deseo y la estructuración de las necesidades, afirmando que efectivamente ambos términos responden a una naturaleza distinta. Pero a la vez, Lacan asume como algo inesperado y carente de evidencia, el que la misma obra de Freud haya llegado a ser referida como una “metapsicología de las necesidades”.

  • Bajo esta dificultad, Lacan establece las diferencias entre ambos términos, denotando que la Necesidad es una condición que llega al sujeto totalmente refractada por las leyes del significante (Lacan, 1957- 1958).
  • El descubrimiento lacaniano sobre la teoría del deseo de Freud, señala que el deseo se articula dentro de la cadena significante.

Es decir, para que el sujeto de respuesta a su deseo, este debe ser articulado dentro de la Demanda. Sin embargo, para que esta dialéctica confluya, el deseo debe seguir el mismo camino que Freud descubrió respecto al deseo inconsciente en la realización de los sueños; de tal forma, que el deseo se transforme en algo distinto, y así se permita paso al exterior.

Al respecto, Lacan afirma: “Ningún deseo puede ser acogido, admitido por el Otro, salvo a través de toda clase de mediaciones que lo refractan, lo convierten en algo distinto de lo que es, en un objeto de intercambio” (Lacan, 1957- 1958, p.71). De tal manera que, así como en los sueños, el deseo halle expresión y su cumplimiento.

Sin embargo, dado que en este escenario el deseo se dirige al Otro, lo que el deseo denota ante el sujeto es la existencia de una dificultad esencial; una cierta relación que fracasa. De este modo, “el deseo que debería pasar, deja en algún lugar no sólo huellas sino un circuito insistente” (Lacan, 1957- 1958, p.93).

En efecto, el significante aporta la función de metáfora, permitiendo que el significado de la Demanda sea algo más allá de la Necesidad bruta. Lo que el significante hace, no es traducir la Necesidad sino remodelarla, creando un deseo distinto de la Necesidad. De tal manera, que el deseo “es la Necesidad más el significante” (Lacan, 1957- 1958, p.95).

El deseo, como resultado de esta operación, está dentro de la respuesta a la Demanda y dentro de la Demanda verbal misma; complejizando y transformando la Necesidad. Así como Lacan afirma: “el deseo se define por una separación esencial con respecto a todo lo que corresponde pura y simplemente a la dirección imaginaria de la Necesidad” (Lacan, 1957- 1958, p.96).

  1. El deseo, al ser un contenido implícito dentro de la cadena significante, provoca en el sujeto un efecto de sorpresa, y es así como lo demuestran las formaciones del inconsciente.
  2. El deseo se sostiene dentro de la estructura simbólica y es por eso que se mantiene en circulación en el significante.
  3. El cual, como todo contenido inconsciente, se mantiene siempre activo y dispuesto a reaparecer.

LA NOCIÓN DE DESEO EN LA PRIMERA ENSEÑANZA DE LACAN Desde un primer momento, Lacan indica: “de lo que nos ocupamos en el psicoanálisis es de los efectos del deseo en un sentido muy amplio –el deseo no es un efecto lateral” (Lacan, 1957- 1958, p.259).

Esto, porque la principal enseñanza que Lacan brinda respecto al deseo, es que el deseo se encuentra en una profunda subducción por el significante. Esto produce una alteridad en el deseo que es inconsciente; pues, así como es deseo de reconocimiento, también se encuentra instalado en la cadena significante.

El resultado de esta alteridad, como ya se indica con anterioridad, es un ser dividido por su propia existencia. Por tanto, el sujeto se encuentra constituido por una división, debido a que su ser está presente en otra parte; en un tercer lugar. Durante el Seminario V, Lacan formula un esquema más complejo que el freudiano para explicar el estatuto que el deseo tiene para el psicoanálisis.

  1. De este modo, comprende que el deseo se encuentra articulado en el lenguaje y, por lo tanto, se formula dentro del mensaje que el sujeto dirige al Otro.
  2. De tal manera, el camino natural que el deseo debería tener es el de ser dirigido al Otro y a su vez ser recogido por él.
  3. Más al contrario, esta operación no acontece; debido a que el objeto ha sido profundamente transformado por el Otro para que así sea admisible por él, dando como resultado al objeto metonímico y no al objeto natural como racionalmente se entendería.

En efecto, para que el sujeto dirija su deseo al Otro, dentro del mensaje acontece una metáfora que desplaza el deseo; este movimiento puede resultar y así ser recogido por el Otro, o caso contrario, puede fracasar en la ambigüedad del mensaje (Lacan, 1957- 1958).

Es decir, que el Otro se presenta como una alteridad del sujeto, el cual actúa como un receptor que sólo sanciona los mensajes que se formulan mediante la ley del significante. Más aún, a pesar del efecto del mensaje, el deseo seguirá circulando “en forma de desechos de significante” en el inconsciente.

En este punto, la enseñanza de Lacan muestra una pista clave para comprender la función que el deseo tiene en el psicoanálisis: “El discurso inconsciente no es la última palabra del inconsciente, está sostenido por lo que es verdaderamente el último motor del inconsciente y que sólo puede articularse como deseo de reconocimiento del sujeto” (Lacan, 1957- 1958, p.264).

Con este comentario, Lacan indica que incluso el inconsciente articula palabras para engañar al analista, pero que a pesar de todo ello, lo que persiste como motor del inconsciente es un deseo de reconocimiento. De tal modo, se devela la complejidad que existe en el análisis de las formaciones del inconsciente, pero se esclarece que la base de ella es el deseo.

Pues, si bien en el trabajo que Freud realizó sobre el sueño no se presenta de ninguna manera al deseo como una articulación, Lacan descubre que el deseo que Freud expresa en los sueños que analiza, son deseos en tanto son una alteración de la Necesidad.

  1. Desde luego, estos deseos están enmascarados, pues se transforman sobre la base de la estructura significante.
  2. En primer lugar, es necesario mencionar que la concepción de reconocimiento de deseo está presente casi desde los inicios de la obra teórica de Lacan.
  3. Esta primera conceptualización del reconocimiento de deseo, es referente a la época de su enseñanza que comprende desde el Seminario II hasta el Seminario V, es una noción que brinda una referencia previa a su posterior elaboración sobre el deseo, y por ese motivo merece ser expuesta.

En ella Lacan brinda un primer valor a este fenómeno y una manera de abordarlo. El cual, como se verá, aun no distingue concretamente la dimensión imaginaria de la simbólica, cabe señalar que este primer abordaje será reeditado posteriormente por una postura más completa.

  • En este marco referencial, Lacan adopta el término “reconocimiento” de Hegel.
  • Para postular que el fin del análisis es el de reconocer el deseo inconsciente en el sujeto.
  • Si bien esta concepción será después reemplazada por otra en su obra posterior, cabe revisar el carácter de este concepto teórico.
  • Pues el reconocimiento de deseo para Lacan, se diferencia de la relación imaginaria especular que consiste en ser reconocido como Amo o como Esclavo tal como lo propone Hegel en su dialéctica.

Más al contrario, cuando añade la dimensión simbólica a esta dialéctica, Lacan inaugura una nueva etapa en su obra. En el sentido de que el concepto de reconocimiento de deseo delimita una diferencia entre lo imaginario que remite al eje a–a’ y lo simbólico que pertenece al eje S–A.

En este momento, para Lacan la satisfacción del deseo inconsciente consiste en ser reconocido por el Otro (A) y no así por el otro semejante (a’) de la relación imaginaria, y por ese motivo el deseo insiste en la cadena significante. Como conclusión, durante este momento de su obra, el objeto del deseo es el reconocimiento.

Por otro lado, el deseo también tiene una relación con la pulsión. Dado que, como Freud indica desde el principio, el deseo posee una “fuerza pulsionante” que le permite su emergencia. Sin embargo, ambos conceptos son esencialmente muy diferentes; pues la pulsión se satisface en un “más allá del deseo” mientras que el deseo es principalmente un deseo insatisfecho.

  1. En este sentido, cabe preguntarse respecto a cuál es el punto en el que ambos fenómenos se entrecruzan.
  2. Lo que une a la pulsión con el deseo, para Lacan, es el amor.
  3. Puesto que el amor cumple la función de velar el objeto que falta y posibilita el encuentro con el falso objeto con el que se satisface la pulsión, de tal modo que ambos; el deseo y la pulsión se articulen dentro del funcionamiento psíquico.

Por otro lado, es pertinente hacer una aclaración respecto a la diferencia entre el deseo y la pulsión. En primer lugar, el deseo proviene del campo del Otro, mientras la pulsión del interior; del cuerpo. Segundo, el deseo es único mientras que las pulsiones son variadas porque se dirige a objetos parciales.

En cambio, existe un único objeto del deseo; el cual no es tampoco el objeto al que el deseo apunta, sino su causa. Pues como bien se sabe, el deseo implica la falta del objeto. A partir de este punto, se vislumbra un avance en la teoría del objeto para Lacan. Pues descubre que hay algo que escapa incluso a la noción de objeto perdido en tanto objeto simbólico u objeto de reconocimiento.

Si bien, el concepto de “objeto a” no alcanzará mayor consistencia hasta el Seminario X, correspondiente a otro momento de la enseñanza de Lacan, en el texto “Subversión del sujeto” y en el Seminario VI, el “objeto a” se comienza a esbozar como algo del orden de lo real, como un resto, un residuo.

Este residuo es un residuo del ser, con el cual el sujeto hablante se confronta, pues en efecto, es el resto de toda posibilidad de Demanda (Lacan, 1958-1959); en la medida que este “objeto a” es el residuo de la sustitución de la Demanda sobre la Necesidad (Miller, 2010). Es precisamente en este Seminario, donde Lacan introduce al fantasma como el modo de hacer una conjunción entre el sujeto y el objeto, dando pie a una manera de articular al deseo y su satisfacción a pesar de la imposibilidad que lo caracteriza.

El sujeto encuentra su lugar de objeto deseado en relación al deseo del Otro mediante el fantasma. Es decir, que el fantasma es el término de la pregunta del sujeto con relación al deseo del Otro. Ahí, el sujeto encuentra su identificación como sujeto siempre en tanto que es y no es el falo (Lacan, 1957- 1958).

Ante esta presencia del deseo del Otro, el sujeto se encuentra en una posición traumática de desamparo (Lacan, 1958- 1959) la cual deriva en la angustia como su señal. La angustia, señal de un sujeto sin recursos ante el deseo del Otro, ocurre porque el sujeto se confronta con un Otro deseante, que nos implica dentro de su discurso, el cual no puede ser respondido del todo.

La respuesta frente a este vacío es lo que se denomina fantasma, pues evoca una forma de hacer lazo con el Otro. La función del fantasma es la de dar al deseo del sujeto una acomodación frente a esa relación traumática que produjo el desamparo. Bajo estos términos, Lacan hace una vuelta sobre la noción agustina del deseo que indica que el deseo provoca la angustia.

Al contrario, Lacan dice que lo que produce la angustia es el desamparo (dètresse) que provoca el encuentro con el deseo del Otro (Lacan, 1958- 1959), así como de la misma manera, el deseo propio del sujeto es a su vez generado por ese deseo del Otro. Sin embargo, lo que permite que el sujeto logre defenderse frente a esta situación de opacidad del deseo del Otro, es el fantasma.

En tanto fija al deseo con su objeto, lo acomoda y le permite responder, al menos parcialmente, al Otro. Es decir, el fantasma es la relación sujeto-objeto del deseo inconsciente. El deseo, entonces, no está fijado a un objeto sino a un fantasma. El cual, desde la dimensión imaginaria, permite que el sujeto pueda defenderse ante el otro semejante, ya sea adoptando una posición de sumisión o de derrota ante él.

Por esa razón, esta dimensión imaginaria es comparable con la dialéctica del Amo y del Esclavo de Hegel. Pues explica cómo se juega la relación especular entre el sujeto y su semejante (a–a’) basada en una posición fantasmática que, en su interior, aloja al deseo del sujeto. Al respecto de esta relación entre el fantasma y el deseo, Miller hace una aclaración que es necesaria tomar en cuenta.

Dado que el deseo no es un fenómeno natural ni de la realidad, sino que un efecto del significante; su objeto, el “objeto a”, es aquello que escapa a la metáfora paterna, vale decir, a la Ley fálica. Esto significa que no existe tal “madurez del deseo” como Lacan nombra en un primer momento de su enseñanza, pues el deseo nunca logra estar totalmente delimitado por el falo.

  • La relación entre el significante y el deseo deja un resto que escapa a la significación fálica.
  • Aquello significa que el Nombre el Padre no puede reabsorber todo el goce bajo su signo (Miller, 2013) y esos restos son los que se anclan en el fantasma y en su “objeto a”.
  • De modo que existe un goce suplementario al goce fálico, este goce suplementario (lo que posteriormente se llamará plus de gozar) queda atado al deseo inconsciente mediante el fantasma; y es desde ese lugar que opera el “deseo perverso”, tal como se lo explicó con anterioridad.

Dado que el sujeto es falta-en-ser, esa falta lo estimula a buscar un complemento de ser en el Otro. Sin embargo, el Otro también está atravesado por la herida del deseo. Es en este punto que también se puede ubicar al significante de la falta en el Otro S(Ⱥ), en tanto se muestra un Otro que ha sido afectado por la castración.

  • Este matema es de gran importancia para la clínica psicoanalítica porque implica la introducción de un Otro deseante –barrado– como una señal que el sujeto se ha introducido en el campo del deseo al haberse demarcado de la Demanda.
  • Es decir, implica que el sujeto dividido se ha introducido en la dirección de la cura, en tanto se hace evidente la elisión del significante que nombra al Otro, a manera de una ausencia en el Otro.

Es en este punto de la teoría de Lacan, que se puede entender el postulado de: “no hay metalenguaje”. CONCLUSIONES De modo general se puede concluir que el deseo, para el psicoanálisis de orientación lacaniana, es el indicador de la falta. Sin embargo, antes de llegar a este postulado, Lacan hizo un recorrido que va desde la filosofía, pasando por el “wunsch” de la teoría de los sueños de Freud y su primera aproximación al deseo a partir del registro de lo imaginario.

A continuación, se desarrollará ese recorrido a modo de conclusiones.1. La noción de deseo ha transcurrido por distintos escenarios del conocimiento humano y su función ha variado en relación a estos. Encontramos interesantes aportaciones a este concepto de parte de diferentes autores, entre ellos se encuentran importantes filósofos como San Agustín y Hegel.

Cada uno de ellos ha servido como referencia para Lacan, en tanto aportaban a la noción básica del deseo inconsciente propuesta por Freud. Por otro lado, Miller hace un señalamiento muy interesante al respecto, al decir que la noción lacaniana tuvo más influencia de Hegel que del mismo Freud.

  1. Sin embargo, el aporte original que Lacan hizo, fue el de utilizar el término francés “désir” para englobar dentro de ese concepto tanto al “wunsch” freudiano como el “begierde” hegeliano.2.
  2. La noción lacaniana del deseo ubica los aportes que Hegel y San Agustín hicieron y conforma un diálogo entre la filosofía y el psicoanálisis.

Sin embargo, el verdadero mérito que la obra de Lacan tiene sobre dicho tema, consiste en que Lacan pudo diferenciar el estatuto que el concepto de deseo tiene a nivel de los registros real, simbólico e imaginario. En ese sentido, se hace factible verificar que la noción de deseo de reconocimiento dentro de la dialéctica del Amo y del Esclavo corresponde al deseo dentro de su dimensión imaginaria.

Y que la noción agustina del deseo como tensión interna, es correlativa a las nociones de deseo insatisfecho y deseo imposible que se asemejan más al registro simbólico del concepto de deseo para el psicoanálisis.3. Lacan establece una diferencia entre el deseo (Désir) y el Wunsch freudiano. Él señala que el Wunsch no es el deseo en sí, sino un deseo ya formulado.

Es un deseo ya articulado en la cadena significante, que “se satisface con ser”. Es decir, el Wunsch no se satisface sustancialmente, sino que solamente se satisface verbalmente en las apariencias del sueño. Lacan descubre que lo que se muestra en el sueño es lo anhelado, vale decir, el enunciado del anhelo.

El anhelo, por su parte, es apenas “la máscara” de lo más profundo que hay en la estructura del deseo. Por otro lado, el anhelo alude al Edipo en tanto es el momento fundante en el que se articula el deseo; de tal modo que la metáfora paterna permita un anudamiento entre el significante y su deseo. El anhelo entonces, no es lo mismo que el deseo, sino una más de sus máscaras; que se presenta mediante el sueño, tal como Freud establece.

Freud concibe al deseo como un plural. Es decir, para Freud existen deseos inconscientes, preconscientes y conscientes. Mientras que para Lacan el deseo es fundamentalmente singular en tanto el deseo es el deseo inconsciente, vale decir, reprimido. Al respecto, Lacan aclara la teoría freudiana de la existencia de deseos conscientes al introducir la categoría de la Demanda en la teoría psicoanalítica.

  • En ese sentido, se puede plantear que lo que Freud entendía como deseos conscientes no son otra cosa más que la Demanda, en tanto es una formulación del deseo puesta en significantes.
  • Es decir, la Demanda como un deseo deformado que pierde su esencia para emerger a la consciencia, tal como Freud dijo en un principio, al explicar que todo contenido del inconsciente debe deformarse para procurarse salida al exterior.

Por otro lado, existe otra diferencia entre el concepto de deseo freudiano y lacaniano. Para Freud el origen del deseo es por una satisfacción originaria, mientras que en Lacan es por la falta. Si bien ambas ideas corresponden a un momento lógico dentro de la infancia, ambas se diferencian principalmente por el aporte que el Complejo de Edipo tiene sobre el tema.

“La interpretación de los sueños” es una obra relativamente contemporánea al momento en el que Freud empieza a desarrollar el Complejo de Edipo dentro de la teoría psicoanalítica, pero es un concepto que durante ese tiempo todavía se hallaba en una etapa incipiente y por lo tanto no es un recurso que Freud utiliza habitualmente dentro de esa obra.

Lacan comprende la falta a partir del Edipo, donde, tras la operación de la metáfora paterna, el sujeto se constituye como sujeto deseante. La satisfacción originaria, en cambio, alude a una pérdida de objeto que hace del deseo un impulso hacia la satisfacción.

  1. Esta noción puede traducirse mejor desde el primer momento del Edipo, en tanto el objeto que se pierde es el falo imaginario.
  2. De este modo se comprende que la noción freudiana del Edipo corresponde más a un mito, es decir perteneciente a su dimensión imaginaria.
  3. Finalmente, mediante Freud se puede considerar cinco características básicas del deseo: a) el deseo es un deseo imposible, en tanto es siempre insatisfecho, b) el deseo es inconsciente, pues es un deseo que ha sido reprimido tras la trama edípica, c) el deseo es un deseo infantil, dado que hace referencia a la satisfacción originaria perdida para siempre, d) el deseo es un deseo indestructible y e) el deseo posee una fuerza constante.

El inciso d) y e) hacen referencia a la “fuerza pulsionante” que el deseo tiene, en tanto ambas son características propias de la pulsión. Si bien Freud indica que ambos conceptos son heterogéneos, la relación entre deseo y pulsión no ha sido explicitada por completo en su obra, pero es posible comprender que ambos fenómenos se asocian en tanto ambos son contenidos del inconsciente.

  1. Todo contenido del inconsciente debe poseer aquella fuerza pulsionante para así burlar la barrera de la represión y procurarse salida al exterior.
  2. Sin embargo, aún es posible verificar que en la teoría de Freud existe un impasse para establecer la diferencia entre ambos conceptos.4.
  3. La problemática conceptual entre el deseo y la pulsión puede ser abordada con mayor claridad a partir de la propuesta teórica de Lacan.

A partir de ella es posible concluir que existe tanto una relación entre ambos como un límite que los diferencia. En cuanto a las diferencias se encuentran principalmente dos: a) el deseo es solamente uno, mientras que las pulsiones son variadas y b) el deseo es particularmente un deseo insatisfecho, mientras que la pulsión siempre halla satisfacción.

En este sentido, la pulsión se orienta a cuatro objetos parciales, mientras que el deseo no se orienta hacia un objeto, puesto que no existe el objeto del deseo. Dicho esto, tras demarcar las diferencias entre ambos conceptos, Lacan explica que también existe una relación entre ambos, pues se asocian para cumplir con sus fines.

Lacan explica este impasse mediante el concepto de amor, pues el amor cumple la función de velar el objeto que falta y posibilita el encuentro con el falso objeto con el que se satisface la pulsión, de tal modo que ambos; el deseo y la pulsión se articulen dentro del funcionamiento psíquico a través del amor.

Esta problemática revela una diferencia fundamental entre la noción de deseo para Freud y la noción de Lacan. Esta diferencia alude a la conceptualización que ambos hicieron sobre el objeto. Para Freud, el objeto es fundamentalmente un objeto perdido que responde a la noción de la satisfacción originaria que ha quedado reprimida.

Bajo esta lógica es comprensible que Freud haya confundido al deseo con la pulsión, pues la noción de objeto perdido implica la idea de un sujeto que pasa el resto de su vida buscando hallar ese objeto imposible de recuperar; de tal modo que el objeto de la pulsión pueda confundirse con el objeto del deseo.

Al contrario, Lacan siguió otro camino para abordar dicha problemática: a) En un principio, él comprendía al deseo como deseo de reconocimiento; por lo tanto, el objeto imaginario del deseo es el reconocimiento. b) Posteriormente, amplió su perspectiva hacia el registro simbólico; en el cual señaló la existencia de la falta simbólica y que, por lo tanto, el objeto simbólico del deseo es el falo simbólico como significante que representa la falta en el Otro.

c) Hasta que finalmente propuso que la falta de objeto no sólo alude al registro simbólico sino también a lo real. Bajo esa perspectiva desarrolló la noción de falta de objeto e inventó el “objeto a” como objeto causa de deseo, dando así solución al impasse generado por Freud.5.

  • La primera perspectiva de Lacan para abordar el deseo fue desde el registro imaginario, en ese sentido, el deseo es deseo de reconocimiento.
  • La noción de deseo como indicador de la falta, no estuvo tan presente desde el principio de la obra de Lacan.
  • A lo largo del periodo que comprende su primera enseñanza, Lacan desarrolló dos formas de abordar la noción de deseo: la primera desde una óptica imaginaria y la segunda desde una mirada simbólica.

En un primer momento, Lacan desarrolla la noción de deseo a partir de lo imaginario, desde esa perspectiva, el deseo es deseo de reconocimiento por el deseo del otro; haciendo referencia a que se juega en el eje imaginario a–a’. En ese sentido, el deseo es un deseo de deseo, en tanto el sujeto “desea ser deseado” para así ser reconocido como sujeto por el otro.

  1. Bajo esa lógica, Lacan plantea el reconocimiento de deseo como un fin del análisis, pues advierte que el deseo de reconocimiento es el motor del inconsciente.
  2. Sin embargo, la teoría del deseo aún no había alcanzado la madurez que posteriormente alcanzaría, debido a que durante ese periodo lo imaginario estaba preñado de una dialéctica simbólica, pero ambos no se distinguían entre sí.

El reconocimiento de deseo, sin embargo, puede ser una fuente de malentendidos o malinterpretaciones en la clínica analítica. Pues, al pensarse que el fin del análisis consiste en reconocer el deseo del sujeto, se puede interpretar erróneamente que el objetivo de la cura analítica es la de hacer consciente al deseo inconsciente.

  • Lo cual es estructuralmente imposible de realizar, principalmente porque el deseo alude a la falta inherente al significante.
  • De este modo, una mala interpretación del reconocimiento de deseo lacaniano, hace equivalentes este postulado con el aforismo griego de “conócete a ti mismo”.
  • Convirtiendo al psicoanálisis en una suerte de práctica de autoconocimiento que no podría distar más de la realidad.

El reconocimiento, entonces, no pretende crear una nueva forma de expresión del deseo como tal, sino que lo que busca es traer al deseo a la existencia mediante el análisis.6. El deseo desde la perspectiva del registro simbólico es el indicador de la falta simbólica.

  1. En este sentido, posteriormente Lacan introduce una etapa con mayor influencia de lo simbólico para la conceptualización del deseo.
  2. Es de ese modo que desarrolla la metáfora paterna, para establecer la primacía del significante en la lógica del sujeto y así anudar la falta simbólica a la dialéctica del deseo.

Dicho planteamiento esclarece en qué punto de la constitución subjetiva se origina el deseo y cómo la constitución subjetiva depende del deseo del Otro. El deseo se presenta mediante dos paradigmas: a) el paradigma del deseo histérico en tanto deseo insatisfecho y b) el paradigma del deseo obsesivo en tanto deseo imposible.

Ambos paradigmas producen el mismo efecto enigmático para el sujeto porque son dos caras de un mismo fenómeno. En ese sentido, se puede comprender el lugar que el deseo ocupa en la teoría, ya que el término deseo en Lacan, ocupa el lugar de la verdad. En el entendido que va al lugar en el que el efecto de verdad ocurre; es decir, ocupa el lugar del efecto de significación.

A partir de eso, Lacan hace una aproximación simbólica al entendimiento de este concepto. Pues establece la oposición entre el significante; el enunciado y el significado; la enunciación. Desde ese paradigma, logra aproximarse al estatuto de enigma que el deseo ocupa para el sujeto.

  • Pues es una instancia que opera por debajo de la barrera de la represión y que se opone principalmente a la Demanda.
  • Al respecto, se puede concluir que no hay ningún significante que pueda expresar el deseo.7.
  • El primer esbozo del “objeto a” en la obra de Jacques Lacan introduce una relación entre el deseo y lo real.

Durante el tiempo que comprende su primera enseñanza, Lacan indicó que el complejo de castración deja una marca sobre el deseo, y que esta marca permite al deseo entrar en una etapa de madurez marcada por el falo. De tal modo, se puede pensar en una relación entre el significante y el deseo, en tanto es una relación mediada por el falo simbólico.

Sin embargo, Miller hace una aclaración al respecto de esta concepción, al decir que no existe la madurez del deseo, pues el deseo también da cuenta de algo que escapa al significante. Esta noción, por otro lado, corresponde a una enseñanza posterior de Lacan en la que propone que “no hay Otro del Otro”; es decir, que el Nombre del Padre no alcanza a aprehender por completo a lo real.

El hecho interesante, es que esta noción de lo real como límite de la construcción simbólica que Lacan hizo hasta el momento, ya empezó a esbozarse a partir del Seminario VI. Esto dará lugar a que en los años posteriores Lacan pueda formalizar la noción de “objeto a” como un objeto que escapa al orden simbólico y que hace referencia más a un agujero en lo real que a la falta simbólica que desarrolla durante ese tiempo.

  • El concepto de “objeto a” u “objeto causa de deseo” de Lacan, logra dar un paso por delante de la noción freudiana.
  • Pues va más allá de la noción de castración que provoca la falta simbólica, ya que el “objeto a” no es un objeto representable como en el caso del objeto imaginario o simbólico del deseo.
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El objeto causa de deseo señala la falta en lo real; en tanto es el más allá del Otro. De este modo, Lacan supera la idea de un deseo que busque ser satisfecho, al contrario, Lacan aporta con una nueva noción del deseo en el sentido de una pura ausencia que orienta la clínica hacia el encuentro con el vacío del significante.

  • Este nuevo aporte que corresponde al concepto de “objeto a”, es considerado como el mayor invento y aporte de Lacan a la teoría psicoanalítica.8.
  • El deseo no es lo mismo que la “potencia sexual”.
  • La “potencia sexual” entendida como apetito sexual, atracción intersexual o instinto sexual es un concepto propio de la psicología, y que es constantemente asociado a la noción de deseo.

Esta ya es una primera diferencia entre el concepto de deseo según la psicología y el psicoanálisis, dado que la psicología entiende al deseo como el apetito sexual que permite la unión sexual entre las parejas. Al contrario, el psicoanálisis lo entiende como un concepto central para la constitución de la realidad inconsciente del sujeto.

  • El deseo es el más allá de la Demanda, porque el deseo tiene un carácter absoluto que designa la imposibilidad de ser satisfecho, por esa razón no admite una complementariedad en la relación a­–a’ entre dos semejantes.
  • Según la lógica intersexual es posible demandar amor, pero no es posible demandar deseo; pues la Demanda de amor es Demanda de los signos de la presencia del Otro, es decir, busca una satisfacción simbólica.9.

El deseo tiene la función de hacer operativa la falta en el sujeto. En este sentido, el deseo funciona como una brújula en la clínica psicoanalítica, en tanto guía al analista para localizar la falta y permite que esa falta haga funcionar al sujeto. Es decir, que la falta despliegue la localización del sujeto deseante, un sujeto inquieto por dar respuesta al enigma de su deseo.

  • No por otra razón, Lacan llegará a decir que la ética del psicoanálisis es la ética del deseo, pues el deseo orienta la práctica analítica.
  • El deseo es una barrera contra la pulsión de muerte porque el deseo permite que la falta sirva para algo.
  • La clínica psicoanalítica se orienta hacia el deseo porque el deseo tiene la función de hacer que el sujeto sea capaz de hacer cosas con su vida, que por un lado estén orientadas a intentar dar sentido al enigma de su deseo, pero que también, sea a coste de soportar la angustia de descubrir que no hay manera de satisfacerlo.

El deseo permite volver funcional la falta, eso significa convertir la falla estructural del lenguaje en un motor. Al hacer de la falta estructural algo funcional, se logra que la falta no abata al sujeto y al contrario este pueda hacer frente a esa falta.

Del mismo modo, al nivel del Otro, permite que el sujeto viva ese enigma como una pregunta acerca de lo que el Otro quiere de él o acerca de lo que el sujeto es para el Otro. En otros términos, la función del deseo también consiste en hacer una dialéctica de la relación del sujeto con el Otro. Dado que el sujeto es falta-en-ser, esa falta lo estimula a buscar un complemento de ser en el Otro.

Sin embargo, el Otro también está atravesado por la herida del deseo. El objeto del deseo es un objeto metonímico, por lo tanto, el deseo siempre es deseo de Otra cosa. Esta dimensión del deseo de Otra cosa es una muestra del padecer del sujeto y así, cuando la falta no logra ser operativa a través de la función del deseo, ocurren fenómenos que pueden ser considerados como “patologías del deseo”.

Tal es el caso del aburrimiento y la tristeza, como dos de los afectos humanos más comunes. Así, se encuentra una explicación para la depresión, el tedio y el aburrimiento dentro de las actividades humanas, en la medida que ninguna actividad u objeto es fuente de satisfacción del deseo, debido a que el deseo por naturaleza es metonímico y, en consecuencia, lleva a que el sujeto ceda en su deseo.

Una vez presentadas todas las consideraciones y argumentos sobre el tema, es posible corroborar la importancia que el concepto de deseo tiene para el psicoanálisis de orientación lacaniana. La función de dicho concepto alude a un principio básico para la clínica psicoanalítica, de modo que posibilita el encuentro del sujeto con su propia falta y pone en marcha la dimensión del sujeto deseante.

La función del deseo para el psicoanálisis de orientación lacaniana consiste hacer que el sujeto tome responsabilidad de la falta que en un principio lo dominaba. De tal manera, permite la aparición de la implicación subjetiva, en tanto el sujeto da cuenta de la falla estructural en el lenguaje y lo moviliza para dar respuesta a la incógnita de su falta-en-ser y de la falla en su relación con el Otro.

Dicho de otro modo, en términos hegelianos, el deseo tiene la función de poner en marcha la “fuerza negadora” propia del ser humano, para que así este pueda convertir la realidad dada en una realidad histórica. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 1. Bercherie, P.

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Recuperado el: 10/04/17. Disponible en: http://www.ucb.edu.bo/publicaciones/ajayu/v1n2/v1n2a06.html Recibido: 5 de junio del 2019 Aceptado: 28 de junio del 2019 SIN CONFLICTOS DE INTERÉS NOTAS Licenciado en Psicología por la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”.

Contacto: [email protected] Docente del Departamento de Psicología de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”. Contacto: [email protected] Palabra que se traduce como deseo de asimilar un objeto (físico), impulso, instinto o apetencia; de hacer suyo un alimento o deseo sexual.

Palabra que se traduce como deseo, anhelo o voluntad.

¿Qué es el deseo en la psicología?

El deseo es el movimiento, impulso o motivación hacia algo que te apetece, sin lo cual podemos sobrevivir física y psicológicamente. En esto es en lo que se diferencia de las necesidades: la subsistencia. Todo emprendimiento parte de un deseo por lo general relacionado con la auto-superación.

¿Qué es el deseo según la filosofía?

El deseo es un concepto muy complejo que ha sido analizado en la historia de la filosofía de formas muy distintas. Para algunos es una pulsión guiada por la irracionalidad, para otros es una necesidad interna consciente. Para unos da sentido a la vida, para otros es la causa final del sufrimiento.

¿Cómo funciona un deseo?

Necesidades y deseos La planeación financiera personal y familiar le ayudará a fijar metas, formular un plan de acción que le permita cumplir lo que se ha propuesto y hacer previsiones para el mañana, a través de hábitos de ahorro, de un proyecto de endeudamiento, y de la priorización de gastos.

  • Parte fundamental de la priorización de gastos es aprender a distinguir entre un deseo y una necesidad.
  • Saber Más, Ser Más le ayuda con esta tarea: Las necesidades son gastos indispensables para vivir, es decir, no se pueden negociar, ignorar ni aplazar; entre estas se encuentran la alimentación, la vivienda, las comidas y la ropa.

Dependiendo de la etapa de la vida en la que se encuentre, van apareciendo distintas necesidades, por ejemplo, cuando niños pensamos que no podemos vivir sin una bicicleta o un juguete, cuando jóvenes sin ir a la universidad y cuando adultos sin un carro propio.

La clave es definir cuánto está dispuesto a pagar para satisfacer las necesidades que tiene ; para esto tenga en cuenta el dinero que realmente tiene disponible y el beneficio que cada cosa le genere. Sin embargo, no todos los gastos que usted hace a diario satisfacen una necesidad, normalmente, las personas destinan una suma significativa de sus ingresos a pagar gastos discrecionales que simplemente se destinan a algo que quieren, pero que no necesitan, como ir a cine o comprar el último computador, esto precisamente es lo que definimos como un deseo.

La necesidad en algún momento se puede transformar en deseo ; esto sucede cuando queremos cosas específicas para satisfacer la necesidad. Por ejemplo, cuando un individuo tiene hambre puede satisfacer esa necesidad comiendo cualquier cosa, pero es deseo cuando quiere comer una pizza.

Es decir, este sujeto necesita comer, pero desea una pizza. Tenga en cuenta que esto no es una regla universal, cada quien debe identificar sus propios deseos y necesidades, Por ejemplo, un auto puede ser un deseo para una persona y una necesidad para otra que no tienen ningún otro medio de transporte cercano y eficiente.

Finalmente, es muy importante encontrar el equilibrio entre los deseos y las necesidades, porque si bien las necesidades siempre tienen prioridad, esto no significa que los deseos no tengan importancia; al contrario, la satisfacción de algunos deseos incluso puede ayudarnos a ser más felices y a sentirnos mejor con nuestra vida.

Diferencias clave entre deseo y necesidad • Los deseos son cosas que no son esenciales para la vida, pero las necesidades sí lo son. • Las necesidades se refieren a elementos sin los cuales no es posible la supervivencia o la calidad de vida, mientras que los deseos hacen referencia a cosas que queremos tener o alcanzar para sentirnos mejor.

• Las necesidades son más importantes que los deseos. • Ejemplos de necesidades son comida, agua, vestimenta. • Ejemplos de deseos son un smartphone, ir a un restaurante e ir al cine. : Necesidades y deseos

¿Qué significa objeto en psicoanálisis?

El objeto a es la confluencia entre deseo y goce, entre el valor de verdad y ese valor que no es el de la verdad, que es la relación que tiene el objeto a con la ganancia de goce.

¿Qué es el objeto en la psicologia?

Definición: En psicoanálisis la persona, animal o cosa por la que la libido logra su satisfacción. El objeto puede ser real, externo, o fantaseado.

¿Cómo se llama la teoría de Lacan?

El psicoanálisis lacaniano es un tratamiento singular que implica al sujeto en su habla y su inconsciente. Conoce más sus características y diagnósticos. – El psicoanálisis lacaniano es una relectura de la teoría del psicoanálisis de Sigmund Freud, creada por Jacques Lacan. Fue un psicoanalista y psiquiatra francés, que se dedicó a actualizar y modificar la teoría de Sigmund Freud, creando así el psicoanálisis lacaniano, que abandonó los aspectos más puramente biológicos y le dio más importancia al lenguaje.

  • Lacan incorporó nociones lingüísticas afirmando que el subconsciente se rige a través de códigos lingüísticos, como podrían ser las metáforas.
  • El psicoanálisis lacaniano se basa en la escucha activa del paciente, que tiene que llevarse a cabo regularmente y con el uso del diván, pero no es prescindible,

Esta escucha activa está compuesta por el analista y el analizante, y mediante el lenguaje se irá tejiendo una red que permite al analista escuchar la verdad y devolvérsela al paciente, La terapia psicoanalítica de Lacan se caracteriza por la escansión o corte de sesión,

  • Este corte de sesión se realiza para poner en relieve o puntualizar algo que haya dicho el paciente o sujeto.
  • Esta verbalización llevada a cabo por el paciente tendrá relación con sus conflictos intrapsíquicos.
  • El objetivo principal de este corte de sesión es incentivar a que el paciente reflexione sobre lo que dijo, partiendo de la base que la estructura del subconsciente es el lenguaje.

El psicoanalista puntualiza, de manera no verbal, las palabras que ha dicho el paciente para que no las tome a la ligera, dando la sensación de lo que ha dicho tiene importancia y lo tiene que discurrir de manera seria; pueden ser pensamientos de un deseo inconsciente o un deseo no admitido.

¿Que genera el deseo?

El deseo sexual tiene una función muy importante que es la de impulsarnos a acercarnos a otras personas, facilitando dos cosas fundamentales en la vida: La búsqueda de la satisfacción de las necesidades afectivas y sexuales de comu- nicación, contacto corporal, cercanía e intimidad, afecto, amor, ternura, placer.

¿Qué es el deseo del ser humano?

Désirs pintura hecha por William Sergeant Kendall, 1892. Los deseos son estados mentales conativos que se expresan con términos como “querer”, “anhelar” o “apetecer”. Una gran variedad de características se asocia comúnmente con los deseos. Se consideran actitudes proposicionales hacia estados de cosas concebibles.

Pretenden cambiar el mundo representando cómo el mundo debería ser, a diferencia de las creencias, que pretenden representar cómo el mundo es en realidad. Los deseos están estrechamente relacionados con la agencia : motivan al agente a realizarlos. Para que esto sea posible, un deseo tiene que combinarse con una creencia sobre qué acción lo realizaría.

Los deseos presentan sus objetos bajo una luz favorable, como algo que parece ser bueno. Su cumplimiento normalmente se experimenta como placentera, en contraste con la experiencia negativa de no lograr hacerlo. Los deseos conscientes suelen ir acompañados de alguna forma de respuesta emocional,

  1. Si bien muchos investigadores están más o menos de acuerdo con estas características generales, hay un desacuerdo significativo sobre cómo definir los deseos, es decir, cuáles de estas características son esenciales y cuáles son meramente accidentales.
  2. Las teorías basadas en la acción definen los deseos como estructuras que nos inclinan hacia las acciones.

Las teorías basadas en el placer se centran en la tendencia de los deseos a causar placer cuando se cumplen. Las teorías basadas en el valor identifican los deseos con actitudes hacia los valores, como juzgar o tener la apariencia de que algo es bueno.

  1. Los deseos pueden agruparse en varios tipos según algunas distinciones básicas.
  2. Los deseos intrínsecos se refieren a lo que el sujeto quiere por sí mismo, mientras que los deseos instrumentales son sobre lo que el sujeto quiere por otra cosa.
  3. Los deseos occurrentes son conscientes o causalmente activos, en contraste con los deseos parados, que existen en algún lugar en el fondo de la mente.

Los deseos proposicionales se dirigen a posibles estados de cosas, mientras que los deseos objetuales se refieren directamente a los objetos. Varios autores distinguen entre deseos superiores, asociados con metas espirituales o religiosas, y deseos inferiores, relacionados con los placeres corporales o sensoriales.

Los deseos desempeñan un papel en muchos ámbitos diferentes. Hay desacuerdo sobre si los deseos deben entenderse como razones prácticas o si podemos tener razones prácticas sin tener el deseo de seguirlas. Según las teorías del valor de la actitud adecuada, un objeto es valioso si es adecuado desearlo o si debemos desearlo.

Las teorías del bienestar basadas en la satisfacción del deseo afirman que el bienestar de una persona está determinado por si los deseos de esa persona están satisfechos.

¿Cómo surge el deseo Freud?

El deseo humano surge entonces por la añoranza de esa primera experiencia de satisfacción perdida. Esta pérdida es la que genera un estado deseante y permite que el sujeto se constituya como tal.

¿Cómo funciona el deseo en el cerebro?

Sexualidad fotos. El cerebro y el sistema nervioso controlan a las glándulas sexuales y a los genitales, y es por esto que controlan también el deseo sexual así como el orgasmo. Esta es la razón por la que las imágenes visuales desatan el deseo sexual en ambos sexos. El bulbo raquidio (tronco del cerebro) también emite impulsos nerviosos que controlan la función eréctil.

  • Estos impulsos navegan a lo largo del centro de la erección, desde la columna vertebral hacia el tejido eréctil del pene, en donde desatan una reacción en cadena en las membranas de las células del músculo vascular.
  • Esta sofisticada reacción en cadena depende de la molécula mensajera llamada ‘guanosina monofosfato cíclica’.

Sin embargo, esto funciona también en reverso: una erección se ablanda tan pronto como otra enzima llamada fosfodiesterasa empieza a disminuir el grado de moléculas monofosfáticas. Las drogas como el Viagra, Levitra y Cialis funcionan para inhibir la fosfodiesterasa, lo que pudiera ayudar a mantener la erección.

  • Pero, estas píldoras no crearán una erección por sí mismas.
  • La erección inicial es un resultado de tipo psicológico,
  • Sin el ímpetu inicial, las píldoras potenciadoras no tendrán efecto en lo absoluto.
  • Esta es la razón también de por qué estas píldoras no son efectivas en el caso de muchos hombres que las toman en espera de un efecto mágico.

Como se pudiera sospechar, debido a que la sexualidad está íntimamente ligada a la mente, la ansiedad, la defensa, el miedo y el fracaso de comunicarlo, todas estas son fuerzas psicológicamente destructoras que pueden pasarle una alta factura al libido, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres, porque actuarán como un bloqueador total del deseo.

  1. Según el profesor Gert Holstege de la Universidad de Groningen en los Países Bajos, “El miedo y la ansiedad necesitan ser evitados a toda costa si una mujer desea alcanzan un orgasmo”.
  2. COMO MEJORAR EL DESEO SEXUAL DE FORMA NATURAL Si desea aprovechar algunos de los beneficios para la salud que la actividad sexual regular ofrece, y al mismo tiempo siente que el deseo no es igual a lo que solía ser, hay algunos consejos naturales que pueden ser de mucha ayuda.

Uno de los primeros que los expertos recomiendan (porque la disfunción sexual puede empeorar debido al estrés y la ansiedad) es controlar las emociones mediante el aprendizaje de la Técnica ‘Tapping Meridian’ que puede de verdad ser de gran ayuda. Esta es una técnica que puede ayudar de manera efectiva a deshacerse de los pensamientos relacionados con el estrés y dar calma para poder enfrentar toda clase de retos.

Los fuegos sexuales pudieran también ser incrementados mediante el menor consumo posible de azúcar. Los altos niveles de azúcar en la sangre pueden amortiguar al ‘genio’ que controla las hormonas sexuales. Los siguientes consejos le ayudarán a mejorar su libido: 1. Actividad física. Los estudios han demostrado que los hombre que practican regularmente una actividad física disminuyen el riesgo de experimentar una disfunción sexual.2.

Optimizar la dieta basada en el tipo único para nutrir su cuerpo. Cada uno de nosotros tenemos un tipo nutricional único con demandas variadas según el radio de los macro-nutrientes (grasas, proteínas y carbohidratos) para funcionar óptimamente. Cuando comemos aquellos que han sido diseñados para nuestro organismo, nos damos cuenta de las mejoras en nuestra salud.3.

¿Cuáles son los 12 deseos?

12 meses 12 uvas –

  • Se pide un deseo por cada mes del año, que es representado por 12 uvas y mientras las comemos pensamos en esos nuevos propósitos.
  • Hay quienes asocian cada mes a una intención y van en el siguiente orden: amor, cambios, paz, salud, felicidad, compartir, esperanza, respeto, serenidad, comunicación, equilibrio y deseo personal.
  • Si nunca logras comerte las 12 uvas a tiempo, elígelas de tamaño pequeño, no hables, no te rías. tienes un único objetivo: acabar con ellas.

¿Cuál es la diferencia entre querer y desear?

Querer o desear esa es la cuestión (otra cuestión) Quiero ser feliz ahora y deseo ser feliz toda mi vida. El, tan sufrido como es, nos lleva a veces a confundir semánticas de palabras y verbos como los que nos ocupan. ¡Qué diferente es querer que desear!, ¿verdad?.

Cuando una simplemente ” quiere ” algo, intenta dirigirse inmediatamente hacia ese algo, persigue el éxito en su consecución de manera rápida, absoluta, muchas veces sin tener en cuenta otros “quereres”. Se suele tratar de objetivos a corto plazo, sin planificación, sin contextualizar en el marco de la propia organización y, cuando nos limitamos a querer, solemos ir dando bandazos, sin rumbo definido, sin estrategia clara. nos podemos perder por el camino.

Por el contrario, cuando esa organización realmente ” desea ” algo, se prepara concienzudamente para conseguirlo, porque lo desea a largo plazo, con permanencia, tras una reflexión previa, encajando ese deseo en su propio contexto. Para ello suele definirse una estrategia que le ayude a dar pasos y avanzar hacia ese deseo, evitando los temidos bandazos y cambios de rumbo.

Muchas organizaciones fracasan o pierden muchos recursos porque se plantean sus avances en querer unas cosas u otras, según distintas influencias que le afectan, pero no acaban deseando nada en concreto. Los diferentes agentes de influencia desplazan un querer e instauran otro en periodos de tiempo muy cortos y la organización, “víctima” de estas influencias, se limita a plantear tácticas para conseguir lo que quiere – o cree que quiere – en ese momento, que puede entrar en contradicción con lo que quería un momento anterior o con lo que querrá en el momento justo posterior. Al final, perseguir los deseos es perseguir el éxito, nuestro éxito, el de los nuestros. Pero. hay que tener en cuenta que todo deseo comienza con un querer, toda estrategia comienza con una táctica. Para finalizar, para alcanzar el éxito en cualquier actividad o contexto en el que nos encontremos, acostumbrémonos y aprendamos a desear, a desear queriendo y no simplemente a querer por querer, porque nos perderemos en el tortuoso camino de los quereres.¡ Deseemos ! : Querer o desear esa es la cuestión (otra cuestión)

¿Qué es el deseo según Kant?

Kant denomina el goce que acompaña la conciencia de la virtud y que sería análogo a la felicidad, contento de sí mismo.

¿Qué es deseo según Aristóteles?

La Metafísica de Aristóteles se inicia con su frase ‘Todos los hombres desean, por naturaleza, saber’. Los dos filósofos Aristóteles y Patón señalan como principio de la filosofía el deseo de saber, innato en todo hombre, excitado por la admiración y la curiosidad ante los fenómenos de la naturaleza.

¿Qué es el deseo para Kant?

Qué dice Kant sobre el deseo | 🪁 CSLP En verdad, el deseo es constitutivamente metonímico, se desplaza de manera continua de un elemento a otro, lo que señala que no es un elemento preciso, sensible, lo que verdaderamente busca. Por su lado, la ley ética no se define por ningún objeto, por ninguna materia específica, sino más bien solo por la manera pura.

Nicolás Corrao El psicoanálisis no solo es atrayente de estudiar como dispositivo clínico, sino hay otro tema que merece particular atención: los aportes de las hipótesis que desarrollaba Freud propusieron una sucesión de cruces -cuestiones de corte -examen de determinadas premisas emitidas por reconocidos pensadores, quienes presentaban un panorama de apertura y novedosas maneras de leer algunos fenómenos, esto es, Freud -quizás sin quererlo- fundaba a su paso un nuevo y diferente diálogo con la filosofía.

Al género de sujeto cartesiano que no duda de que hay solo por el hecho de que piensa, Freud le genera una subversión dando sitio a un sujeto del inconsciente, cuyo yo no es dueño de su casa, esto es, un sujeto escindido que es donde no piensa. Lo afirmado por nuestro pensador francés fue solo la punta del iceberg, una pequeña una parte de un aparato considerablemente mayor y hasta la actualidad poco contemplado.

En su Seminario sobre la ética del psicoanálisis, Lacan expone que hay otro cuestionamiento de Freud en su charla con la filosofía. El psicoanálisis, principal creador de un dispositivo cuyo fin es que el sujeto exprese en expresiones las contrariedades de su relación con lo que quiere, generando de esta manera una cuestión vital para la ética kantiana clásico, sostenida en el sacrificio en beneficio del Otro, la ética del poder y la supresión del deseo.

La fórmula de Kant afirma: «Obra de tal forma que la máxima de tu acción logre ser considerada como una máxima universal». Kant transporta esta propuesta al radical de las secuelas. Realizar las cosas por el bien del otro, por esa ética clásico, abonar con nuestro deseo, regresa al sujeto mucho más neurótico.

Su deseo regresa y también insiste, ordenando al sujeto que pague la «deuda» con su deseo, realizando aparecer la culpa por este motivo. El exitación asociado al bien estaba en la ética antes de Kant, quien se dio a la labor de distinguir 2 términos del idioma alemán, para desarrollar sus conceptos: por una parte, el bien subjetivo, lo que conocemos como confort, fue llamado por Wohl; al tiempo que das Gute hace referencia al bien, al bien y al mal racional y propósito.

Para entrar a la alegría, el hombre discrimina entre el confort (Wohl) y el malestar, apunta Kant, pero los dos son subjetivos, con lo que no tienen la posibilidad de constituir el soporte de una ley ética universal. Con das Gute, el confort se distingue del confort.

  1. En la clase 6 del Seminario de Ética, Lacan apunta que en la ética kantiana Wohl no debe intervenir en los extremos de una acción ética.
  2. Al comienzo de este Seminario, Lacan mira que es mediante la luz que lanza el sendero freudiano «sobre los orígenes del deseo, sobre el carácter de perversión polimorfa del deseo, en sus formas infantiles», donde se nos muestra la oportunidad preguntar si el Psicoanálisis, con su avance en lo que se refiere a su teoría, no es una manera de «moralismo» mucho más comprensiva que todas y cada una de las que le antecedieron y cuyo propósito era achicar el sentimiento de culpa.

Lacan apunta que Kant realizó ​​una ética que causó el vaciamiento de todo objeto de deseo. En este vacío, Kant sitúa un imperativo cuya exigencia apunta al sacrificio de todo objeto. El sujeto debe corresponder a la ley ética. El sitio que le queda al sujeto en esta ética es el de ser un elemento regulado por la ley de la razón práctica pura.

En su acción ética, la ley ética debe someter el deseo. Si la máxima de acción del sujeto es universal, entonces ha de ser una regla de conducta para todos y cada uno de los sujetos, remover salvedades, eludir contradicciones y eludir volverse inconsistente como máxima. Si el sujeto desea actuar moralmente, su máxima ha de estar sosten a la ley de la razón pura, o sea, la intención de su acción va a estar cierta absoluta y también incondicionalmente.

El deseo está en la situación opuesta a esta afirmación de Kant. La singularidad, como característica del deseo, no coincide con la universalidad a la que aspira la ética kantiana. No hay objeto de deseo que sea universal, y esto expone un inconveniente para el razonamiento kantiano.

  1. Si el deseo penetra como condición de oportunidad de la ley ética, entonces la intención como dadora de su ley queda apartada.
  2. Esto es, no sería la ley, sino más bien el objeto del deseo el que condicionaría la intención.
  3. Desde la filosofía kantiana, es imposible meditar en un elemento cuya carencia opere como causa, fuera de las categorías de la razón.

Por contra, Lacan charla del objeto a como carencia, causa del deseo. El deseo del sujeto toma elementos para agradar su necesidad, pero Kant quiere conceptuar no una acción que apunta a elementos, sino más bien una “intención pura”, que desea con independencia de cualquier objeto.

O sea, esta “intención pura” debe estimar no Wohl, que supone la intención humana apuntada hacia los elementos, sino más bien das Gute, que aspira al Bien. Así, Kant vacía de elementos este rincón y ubica allí el imperativo categórico. Ubicada la ley en el sitio del deseo, el sujeto actuará siguiendo el imperativo categórico, puesto que el deseo fué suprimido como soporte de la ética.

El sujeto, en menoscabo de sus inclinaciones libidinales, padecerá afecciones, ya que sostendrá una conducta regulada por una intención cierta por la ley. Aún de este modo, Kant advierte que accionar según la ley ética no supone que la conducta sea moralmente buena.

Para argumentar esto, ofrece el próximo ejemplo: No robes por temor a proceder a la prisión. Para este creador, la acción no se efectúa por deber, sino más bien por temor, lo que revela que la intención no respeta la ley como tal. La conducta ha de ser el resultado de la ley que establece la intención.

El imperativo kantiano no garantiza gratificaciones narcisistas, pero sí supone el respeto a la ley ética. Kant apunta que el sujeto puede hallar cualquier razonamiento que sostenga su conducta contraria a la ley, pero lo que no puede realizar el sujeto es eludir su recriminación.

  • El imperativo se impone, piensa en un sujeto reconocido con la ley, sin contemplar su carácter deseante.
  • El deseo y la ley se distinguen.
  • El sujeto está a merced del deber que lo ordena a habitar solo la ley; muerte segunda, donde se identifican derecho y goce.
  • Cabe indicar que no tiene que ver con una crítica insuperable a Kant, que pensaba un sujeto como lo concebía en su temporada, sino Lacan, con otros conceptos y herramientas, logró efectuar una lectura diferente.

Tal como Kant pensó en un dominio de sí dado por la razón y en un sujeto cuya independencia y autonomía le dejaran elegir sobre su destino, Lacan resalta un sujeto como efecto de la materialidad del significante que llega del Otro, o sea, un sujeto dividido y ligado del significante y de un Otro que está ahí como deseante, alén de la palabra no simbolizable.

  1. Ahí está la Cosa.
  2. De ahí que, Lacan apunta: “el deseo es el deseo del Otro”, añadiendo que a fin de que el deseo circule no debe bloquearse la falta que lo hace, pero en la ética kantiana ese sitio lo ocupa la ley.
  3. Para probar que la ley de la razón está sobre los intereses de un sujeto, Kant ofrece 2 apologistas: 1.

En el primero de ellos, se le muestra al hombre la oportunidad de pasar una noche con la mujer de sus sueños, un ser amado y también irreprimible. objeto, pero tras eso espera el patíbulo. O sea, este sujeto debe elegir entre el exitación y la desaparición, o negar el exitación para preservar su historia.

Para Kant, ningún sujeto deseará perecer por pasar una noche con la mujer de sus sueños, con lo que no hay duda de que alguien se inclinaría a negar al objeto amado. Pero Lacan apunta que probablemente halla quien opte por pasar la noche con esa dama, si bien el objeto sea idealizado puede servir la vida.

Quizás Kant cree que el patíbulo es un límite al comienzo del exitación y que el imperativo de este apologista es el deber de preservar la vida. Por contra, Lacan considera que si la pena quedara no como límite del principio del exitación, sino más bien del lado del goce, el sujeto podría admitir la iniciativa.

Esto supone que cruzaría una barrera al ir alén del principio del exitación. Por su parte, añade que este apologista no muestra peculiaridades de la ley universal ni ofrece un enunciado ético que ponga en juego un deber para el sujeto; la resolución que toma no supone un deber ética, sino lo pone con relación a su deseo, no como un imperativo universal, sino más bien como una característica singular.

El cadalso no es una ley ética, sino más bien el límite que representa la ley del principio del exitación como límite del goce.2. Un súbdito es obligado por un príncipe a ofrecer falso testimonio sobre una tercer parte que el príncipe desea perder, en caso contrario, la pena capital recae sobre el primer súbdito.

Ant apunta que esto hace dudar al sujeto. En esta disculpa se entrelazan el deber de no engañar y el deber de socorrer a un inocente. ¿Como? ¿El que se ve obligado a ofrecer falso testimonio o el que el príncipe desea perder? ¿Qué vecino está atendido? ¿El príncipe tirano o ese otro que el príncipe desea perder? La iniciativa de Lacan es invertir este apologista y, en vez de ofrecer falso testimonio, se le pide al sujeto que sea verdadero sobre un tercero que amenaza al Estado.

De esta manera, Lacan articula la situación ética con relación a la función del deseo, resaltando siempre y cuando el deseo es el deseo del Otro. El interrogante da un giro cerca de si el sujeto escoge transformarse en objeto de deseo del deseo del Otro, o sea, ¿debe o no agradar el deseo del tirano? Para Kant, si el sujeto duda entre decir la realidad o no, quiere decir que no reconoce la certeza como un deber, por consiguiente es mentiroso.

  • Para Lacan, el deber de decir la realidad puede conducir, por servirnos de un ejemplo, al colaboracionismo.
  • Desde ahí asegura: «solo hay bien en el mal y por el mal».
  • En la ética kantiana se enajena al sujeto de un imperativo en menoscabo de su deseo, o sea, se refrena el deseo y se impone una intención cierta por el deber.

Para Lacan, esta clase es un cobarde. Si Kant puso el énfasis en la vacilación del sujeto, Lacan enfatizará que, en el momento en que duda, el sujeto semi-afirma una verdad de la que habla. O sea lo que recopila un psicoanálisis, o sea, lo que afirma o piensa el sujeto sobre su deseo.

Tal como Kant piensa su ética en concepto de un sujeto de la ley de la razón, el dispositivo psicoanalítico apunta a percibir a un sujeto del deseo. Para Lacan, el sujeto que expone Kant es un sinvergüenza, alguien que no expone su historia por su deseo, sino da un giro cerca de la evaluación de pérdidas y ganancias.

Lacan define a este sujeto como «el burgués ideal», el que se distribución al deseo en pos de recursos. Pero las tienes el deseo las hace el inconsciente, ya que las deudas impagas se expresan mediante sueños, angustias y síntomas. Volviendo a la segunda apología –meditar desde los conceptos que nos ofrece Lacan–, la ética iniciativa por Kant está al servicio del goce del Otro.

  • La voz del superyó ordena el sacrificio del deseo para ofrecer rigidez al Otro.
  • En cambio, la ética del deseo apunta a negarse a dar de comer el goce del Otro, aun en el momento en que esto implique ir a la contra de imperativos malévolos y paradójicos.
  • El imperativo kantiano pide que este apologista afirme la realidad, toda la realidad y solamente que la realidad.

Pero Lacan nos ten en cuenta que “toda la realidad es lo que es imposible decir. Solo se puede decir a condición de que no se vaya a los extremos, que solo se afirme a medias”. En esta apología –que es la que entonces invierte Lacan– Kant piensa que hay un deber de certeza, en el momento en que de todos modos lo que se expone es una verdad para los intereses del tirano.

De ahí que Lacan apunta que la ética kantiana transporta al sujeto a la desaparición segunda: habitar solo en la ley, realizando ocultar la división subjetiva. La ética kantiana pide que el objeto al que apunta la intención tenga las próximas especificaciones: universal (orden que implica a todos), incondicional (no admite otras condiciones en las que fundamentarse) y también imperativa (obligaciones de obedecer).

Kant define de esta forma de qué manera ha de ser la intención para ser considerada ética, pero aun de esta manera acepta que ningún ser podría ajustarse totalmente a esta ley. Esto lo transporta a dejar abierta la oportunidad de la presencia de Dios como garante de su ética, esto es, la alegría es viable, pero en el mucho más allí.

  1. Ant define el deseo como «patológico».
  2. Lacan, en cambio, resalta el deseo como situación del sujeto con relación al goce del Otro.
  3. En contraste a Kant, que desea que el sujeto tome el sendero del Bien, el Psicoanálisis ofrece la búsqueda de un óptimo decir sobre el deseo.
  4. En la ética kantiana, el sujeto desaparece como tal al identificarse con la ley; En cambio, para Lacan “donde él se encontraba, el sujeto debe venir”.
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Por una parte, Kant ofrece el Bien Soberano en el mucho más allí; Por otra parte, el Psicoanálisis fomenta un entender llevar a cabo con el deseo que nos habita. En otras expresiones, Lacan tiene relación a una ética del comprender irreconocible, o sea, una ética frente a lo real que supone una defensa contra el goce del Otro.

  1. Freud apunta, en Tótem y tabú, que el imperativo kantiano no es un automando dado por la razón, sino tiene un origen instintivo en el tabú de los primitivos.
  2. La razón y el alegato espiritual son el resultado de este “no” irracional inaugural.
  3. Esta obra freudiana ubica la moralidad como un efecto del asesinato de los Protopai cometido por los hermanos.

Las prohibiciones de un orden ética derivado de impulsos patricidas y también incestuosos. La conciencia ética produjo una ley cultural: la prohibición de la Cosa materna. Después, Freud añadirá que el imperativo es herencia del complejo de Edipo. La excesiva moralidad del superyó, con la capacidad de incomodar al sujeto, es un factor importante del origen pulsional del imperativo kantiano.

Entonces, ¿por qué razón la prohibición del incesto no hace aparición en el Decálogo? Prohibir la unión con la Cosa es realmente difícil pues hay lenguaje, por consiguiente, como hay lenguaje, el sujeto desea alejarse de la Cosa. Para meditar el orden del deseo en la clínica, vale rememorar a Alberto Grimau, quien en uno de sus productos lleva a cabo un riguroso trabajo sobre “El Padre”, señalando que en la transferencia son evidentes las dimensiones del superyó prohibitivo y gozoso, y advierte que “en nuestra clínica hablamos de fundar un sujeto de deseo, y el avance de los análisis es dependiente principalmente de si esta dimensión, donde el Otro hace aparición posicionado desde un goce, puede caer”.

Es la caída del goce –y no su perpetuación– lo que exhibe el avance de un análisis. Lo que se aprecia en la clínica es que la conciencia de culpa aparece en el momento en que el sujeto renuncia a su deseo. En expresiones de Lacan, quien insiste regularmente en que fue el análisis el que de nuevo reubicó «en el punto mucho más prominente la función mucho más fecunda del deseo como tal», la ética del deseo se expresa de esta manera: «Sugiero que desde la cosa Una de que si puede ser culpable, cuando menos desde el criterio analítico, es haber cedido a su deseo.Este creador añade que el Psicoanálisis está enfocado en una ética que contempla la compromiso de los actos del sujeto relacionada a los deseos que lo habitan.

, esto es, una ética “que quiere que el sujeto llegue a existir instantaneamente mismo de asumirlos.” ​​”¿Has estado actuando según el deseo que te habita?” es la cuestión establecida por Lacan que da un giro cerca de la ética del deseo. La observación es no transformar esta ética del deseo en un imperativo kantiano: «no cederás a tu deseo».

debe considerarse el acto, tal como la relación con el Otro popular, lo que supone para el sujeto su compromiso en las acciones, o sea, no tiene que ver con transgredir la ética, sino más bien de asumir nuestro deseo, labor osada que supone compromiso.

¿Qué pasa si cuentas un deseo?

Los deseos, si se cuentan, no se cumplen.

¿Qué es el deseo y la necesidad?

CMF Educa – Necesidades v/s deseos Las necesidades se refieren a elementos sin los cuales no es posible la supervivencia o la calidad de vida, mientras que los deseos hacen referencia a cosas que queremos tener o alcanzar para sentirnos mejor. Los deseos no son esenciales para la vida, pero si hacen más felices a aquellos que los cumplen.

  • Las necesidades no son cuestionables, ya que son vitales.
  • En cambio, los deseos responden al valor que cada uno les dé en cuanto a su cumplimiento y ejecución.
  • Por lo tanto, las necesidades son más importantes que los deseos.
  • La clave es definir cuánto está dispuesto a pagar para satisfacer las necesidades que tiene; para esto tenga en cuenta el dinero que realmente tiene disponible y el beneficio que cada cosa le genere.

: CMF Educa – Necesidades v/s deseos

¿Cuáles son los deseos más comunes?

Como cumplir con estos deseos – Hay muchos más deseos y buenos propósitos, tantos como personas hay en el mundo. Entre ellos, por ser los más comunes, destacan : Aprender algo nuevo, comer sano y tener una dieta equilibrada, pasar más tiempo con la familia, viajar y ver lugares nuevos, estar menos sometidos a estrés, unirse a algún o, simplemente, beber menos alcohol.

Sé preciso, En vez de pensar en muchos deseos, procura desear pocas cosas pero que sean muy importantes para ti. Sé realista, Piensa en metas que sean viables y alcanzables, no te establezcas metas imposibles. Avanza progresivamente, Todo proceso de cambios necesita un proceso de adaptación. Si tropiezas, continúa, Son pocas las personas que se proponen algo y alcanzan su meta sin ningún tropiezo.

¿Qué es el deseo del ser humano?

Désirs pintura hecha por William Sergeant Kendall, 1892. Los deseos son estados mentales conativos que se expresan con términos como “querer”, “anhelar” o “apetecer”. Una gran variedad de características se asocia comúnmente con los deseos. Se consideran actitudes proposicionales hacia estados de cosas concebibles.

Pretenden cambiar el mundo representando cómo el mundo debería ser, a diferencia de las creencias, que pretenden representar cómo el mundo es en realidad. Los deseos están estrechamente relacionados con la agencia : motivan al agente a realizarlos. Para que esto sea posible, un deseo tiene que combinarse con una creencia sobre qué acción lo realizaría.

Los deseos presentan sus objetos bajo una luz favorable, como algo que parece ser bueno. Su cumplimiento normalmente se experimenta como placentera, en contraste con la experiencia negativa de no lograr hacerlo. Los deseos conscientes suelen ir acompañados de alguna forma de respuesta emocional,

Si bien muchos investigadores están más o menos de acuerdo con estas características generales, hay un desacuerdo significativo sobre cómo definir los deseos, es decir, cuáles de estas características son esenciales y cuáles son meramente accidentales. Las teorías basadas en la acción definen los deseos como estructuras que nos inclinan hacia las acciones.

Las teorías basadas en el placer se centran en la tendencia de los deseos a causar placer cuando se cumplen. Las teorías basadas en el valor identifican los deseos con actitudes hacia los valores, como juzgar o tener la apariencia de que algo es bueno.

  1. Los deseos pueden agruparse en varios tipos según algunas distinciones básicas.
  2. Los deseos intrínsecos se refieren a lo que el sujeto quiere por sí mismo, mientras que los deseos instrumentales son sobre lo que el sujeto quiere por otra cosa.
  3. Los deseos occurrentes son conscientes o causalmente activos, en contraste con los deseos parados, que existen en algún lugar en el fondo de la mente.

Los deseos proposicionales se dirigen a posibles estados de cosas, mientras que los deseos objetuales se refieren directamente a los objetos. Varios autores distinguen entre deseos superiores, asociados con metas espirituales o religiosas, y deseos inferiores, relacionados con los placeres corporales o sensoriales.

  • Los deseos desempeñan un papel en muchos ámbitos diferentes.
  • Hay desacuerdo sobre si los deseos deben entenderse como razones prácticas o si podemos tener razones prácticas sin tener el deseo de seguirlas.
  • Según las teorías del valor de la actitud adecuada, un objeto es valioso si es adecuado desearlo o si debemos desearlo.

Las teorías del bienestar basadas en la satisfacción del deseo afirman que el bienestar de una persona está determinado por si los deseos de esa persona están satisfechos.

¿Cuál es el objeto de estudio del psicoanálisis?

Investigación psicoanalítica en la universidad ARTIGOS ARTICLES Luciane Loss Jardim I ; María Del Carmen Rojas Hernández II I Universidade Estadual de Campinas, Faculdade de Ciências Médicas, Departamento de Psicologia Médica e Psiquiatria. Caixa Postal 6111, Cidade Universitária Zeferino Vaz, Barão Geraldo, Campinas, SP, Brasil.

Correspondência para/ Correspondence to : L.L. JARDIM. E-mail : II Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Facultad de Psicología. San Luís Potosí, México RESUMEN Este artículo tiene como propósito puntualizar las diferencias esenciales entre la investigación científica – como se establece desde el racionalismo contemporáneo – y la investigación psicoanalítica.

A partir de esta diferenciación se plantean las condiciones necesarias para una investigación psicoanalítica, fundamentada en criterios exclusivamente psicoanalíticos, que tiene como objeto de estudio los procesos psíquicos inconscientes originarios de la clínica analítica.

  1. Luego, intentamos describir la formalización de la investigación psicoanalítica en el medio universitario que presupone la descripción y conceptualización del caso clínico.
  2. Unitérminos: Ciencias.
  3. Psicoanálisis.
  4. Universidades.
  5. ABSTRACT This article proposes to outline the essential differences in scientific research, starting from contemporary-rationalism, and psychoanalytic research.

Using this distinction, it is possible to determine the necessary conditions for psychoanalytic research based exclusively on psychoanalytic criteria, which aims to study the unconscious processes originating in the psychoanalytic clinic. We therefore try to describe the formalization of psychoanalytic research in the university context, which involves the description and conceptualization of the clinical case.

Uniterms: Sciences. Psychoanalysis. Colleges. El tema de este artículo es oriundo de un hecho: el psicoanálisis y su inserción en el contexto universitario. El ingreso de los psicoanalistas en la universidad viene ocurriendo en las últimas décadas, lo cual ha generado una gran producción de conocimiento que pretende dar cuenta del trabajo que allí se realiza, pero que simultáneamente implica cierta problemática que debe ser abordada, especialmente acerca de lo que podemos entender como investigación en psicoanálisis.

En ese sentido podemos citar algunos trabajos de psicoanalistas insertos en programas de postgrado que teorizan acerca de su hacer buscando fundamentos para sostener la investigación psicoanalítica en el contexto universitario: Mezan (1993) y Safra (1993) tratan del manejo del material clínico; Mezan (1998) aborda la escritura de la clínica psicoanalítica; Guerra (2001) enseña a través de un relato de caso el proceso investigativo en psicoanálisis; Nogueira (2004) presenta los fundamentos psicoanalíticos de la investigación psicoanalítica en la universidad; Jardim y Rojas (2007) dibujan algunos conceptos para sostener la investigación en la universidad; Jardim (2008) presenta un modelo para el tratamiento de un caso de psicosis a partir de la investigación psicoanalítica fundamental; Silva, Yazigi y Fiore (2008), a través de casos clínicos, también abordan las posibilidades del trabajo psicoanalítico en la universidad.

Todos los trabajos versan sobre tópicos relacionados con el tema, con la intención de sostener la práctica investigativa que desarrollan en el seno de la universidad. Para precisar la problemática que enfrentan los investigadores que fundamentan su trabajo en el psicoanálisis, es decir, para hablar de investigación en psicoanálisis – concretamente en el contexto universitario – es necesario hacer algunas puntualizaciones indispensables para conocer las especificidades que esto requiere.

Dibujar las diferencias entre la investigación científica cartesiana y la investigación en psicoanálisis implica que deben entenderse con claridad no sólo las posibilidades de la investigación en psicoanálisis sino también sus imposibilidades y, al mismo tiempo, las características de la investigación científica desde una perspectiva positivista.

Para desarrollar las ideas con las que se argumenta este trabajo, es necesario puntualizar algunos conceptos que son esenciales, así como las nociones de investigación, de método y de ciencia, para mostrar las posibilidades de la investigación en psicoanálisis. Etimológicamente, investigación proviene del latín in (en) y vestigare (hallar, inquirir, indagar, seguir vestigios), por lo que podemos inferir que un investigador es una persona que realiza una búsqueda.

La forma como se hace esta búsqueda es la metodología, que a su vez, también, simultáneamente va a determinar al objeto buscado y va a ser determinada por el mismo.

  • Tanto en la ciencia como en el psicoanálisis, la manera de hacer una investigación no es independiente de su método sino que, por el contrario, cada una se caracteriza por su metodología: para la ciencia la metodología es entendida como la forma de producir conocimiento, y para el psicoanálisis la metodología implica aquello que permite construir un saber acerca de la verdad y del deseo del sujeto.
  • Por lo tanto, en ese artículo hacemos una revisión de algunos argumentos psicoanalíticos mediante los que se expone la diferencia entre la metodología positiva que prevalece en el contexto de las universidades contemporáneas y las particularidades de la investigación psicoanalítica, con el propósito de enfatizar la controversia que se genera por la inserción del psicoanálisis en el contexto universitario.
  • La ciencia, el psicoanálisis y sus campos

La ciencia tiene como objetivo producir conocimiento a partir de la investigación de su objeto de estudio. Para empezar a hablar del objeto de estudio en la ciencia, tenemos que aludir a la cuestión explícita en él cogito cartesiano, a partir del cual se establece un sujeto que piensa y un objeto que puede ser pensado.

Este dualismo que caracteriza al planteamiento científico expresa la sobrevaloración de la razón – ó mejor dicho la razón como el fundamento de la ciencia -, entendida como aquello mediante lo cual el sujeto puede apropiarse del conocimiento sobre el objeto. Esta estructura binaria – sujeto cognoscente-objeto conocido -, se convierte en el problema de la epistemología per se, y en consecuencia deja a la ciencia el encargo de explicar lo conocido sobre el objeto – desde un paradigma ó un método que pretende ser independiente del sujeto -, omitiendo la posibilidad de interpretar que iría implícita si no se excluyera al sujeto de esta relación – entre el objeto y el sujeto – que produce conocimiento.

Por lo tanto apuntamos en primer lugar que la epistemología define – lo cual es una cuestión decisiva en el nacimiento de una ciencia – la constitución del objeto de investigación de la ciencia y que, desde un planteamiento positivista, la ciencia plantea una separación entre el sujeto que investiga y el objeto que es investigado por él, y que a través de este procedimiento se pretende adquirir un conocimiento satisfactoriamente exacto del objeto.

Este planteamiento epistémico hace necesaria una segunda precisión, porque inaugura una necesidad no sentida en otros momentos históricos: la de legitimar el conocimiento. Se torna esencial la necesidad de que todo conocimiento sea científico, y el racionalismo asume una posición imperante desde la cual los saberes que no se construyen bajo los paradigmas de la ciencia son epistemológicamente invalidados.

La paradoja radica en que es a partir de la filosofía – concretamente la epistemología, es decir, desde un saber no científico en el sentido estrictamente positivista -, desde donde la ciencia se legitima y se proclama productora de conocimiento verdadero.

En síntesis, el racionalismo característico del pensamiento moderno bajo el cual se desarrolla la ciencia – con su propuesta metodológica positiva – inclina la balanza hacia el conocimiento como el único saber verdadero, dejando de lado los saberes que no responden a un orden estrictamente racional, pues ya en los desarrollos teóricos de Galileo en los que se sustenta la ciencia moderna en el siglo XVll, se cuestiona la idea de complementariedad sujeto-objeto que había prevalecido hasta entonces y se acepta la reducción de la naturaleza, como lo apunta Gerber (2007, p.17), “a un conjunto de relaciones matemáticas por medio de la construcción de objetos científicos que son elementos desprovistos en sí mismos de significación pero que se combinan entre sí para construir un sistema coherente”.

Actualmente, el conocimiento producto de la investigación positivista, según el pensamiento popperiano, se consigue a partir de la elaboración de hipótesis y teorías que posteriormente son contrastadas con la experiencia, de tal forma que exista la posibilidad de que ésta sea rebatida, esto es, que una teoría se sostiene como tal, en relación y dependencia con el proceso de contrastación de la hipótesis, así como del grado de resistencia a la falsación; entonces, el conocimiento será científico siempre y cuando – después de ser contrastado con la hipótesis- sea susceptible de ser declarado falso o verdadero.

Aún así, en la polémica propia de sus diferentes formas de proceder para obtener conocimiento y saber, ciencia y psicoanálisis caminan juntos; la marca del cientificismo en el psicoanálisis no le es casual, sino que sigue siéndole esencial. Es impensable que el psicoanálisis como práctica y descubrimiento de Freud del inconsciente hubiese tenido lugar antes del nacimiento de la ciencia en el siglo XVII.

Pues, como ha dicho Lacan (1965/2003), el sujeto sobre el cual se habla en psicoanálisis no es otro sino el sujeto de la ciencia. Esta afirmación puede parecer paradojal, pero es uno de los puntos principales de esta relación, sobre la cual nos interrogamos en este artículo.

  • Para desarrollar esa interrogante, hagamos una retrospectiva histórica respecto a la noción de sujeto de la ciencia.
  • Descartes inaugura la idea del sujeto que es correlato de la ciencia, con el cogito Pienso, luego existo.
  • Es decir, un sujeto fundado en el pensamiento, en la conciencia, en el enunciado del sujeto.

La ciencia se ocupa precisamente de los enunciados de los sujetos, sin la enunciación. El sujeto de la ciencia, por lo tanto, se constituye a partir de lo que es rechazado por el ideal de la propia ciencia, esto es, a partir de que el saber inconsciente es rechazado, dejado fuera de la posibilidad de ser conocido o investigado por la ciencia, y más aún, es desde la ciencia que se declara inexistente el saber inconsciente.

Éste es el sujeto de la ciencia: aquél que produce la ciencia y el discurso al respecto de ella y que por lo tanto deja de lado su saber inconsciente sobre sí mismo. Por eso el sujeto de la ciencia es el sujeto que al psicoanálisis le interesa investigar, porque el psicoanálisis se plantea como objeto de investigación lo inconsciente del sujeto.

He aquí la paradoja. Consecuentemente, el psicoanálisis se funda a partir de este rechazo: tener como objeto de investigación el inconsciente no es una cuestión contingente o casual; por el contrario, es esencial para la constitución tanto de la ciencia como del psicoanálisis.

  • Si no hubiera ciencia no habría psicoanálisis.
  • Uno no existiría sin la otra.
  • No se conjugan, pero tampoco pueden estar apartados.
  • La figura topológica de la banda de Moebius representa muy bien esta imposibilidad de separarlos.
  • La cuestión es que la ciencia rechaza y excluye la dinámica de la verdad planteada desde el sujeto del inconsciente.

El saber del amo, como dijo Lacan (1969-/970/1992), “se produce como un saber completamente autónomo del saber mítico y esto es lo que se llama ciencia” (p.94). Entonces el conocimiento de la ciencia sirve para reprimir lo que habita en el saber mítico, y por lo tanto el saber que encontramos en el inconsciente es completamente extraño al discurso de la ciencia.

  1. Lacan (1969-1970/1992), en el seminario El Revés del Psicoanálisis, plantea la teoría de los cuatro discursos – para mostrar una estructura en la organización del lenguaje del sujeto en relación con el significante y con el objeto -, en la que sustenta que la posición del sujeto y de estos elementos en la estructura del discurso es lo que determina el tipo de lazos sociales que se establecen.
  2. Los cuatro discursos que propone Lacan -del amo, universitario, histérico y del analista- se organizan a partir de la posición que guardan entre sí los cuatro elementos que los constituyen, elementos que a su vez pueden ocupar una de las cuatro posiciones posibles en cada estructura discursiva: S1 (significante amo); S2 (el conjunto de los significantes, designado como el saber); $ (sujeto del inconsciente); y el objeto “a”, (objeto-causa del deseo).
  3. Lacan presenta los discursos a través de un algoritmo y a partir de él propone la formalización del discurso del amo, que a su vez sirve para representar el discurso de la constitución del sujeto psíquico:

En este discurso, la posición donde se encuentra el S1 es la posición del agente, es decir, el que hace que el discurso se articule. El hecho de que el significante S1, que es el significante amo, esté arriba de la barra, arriba del sujeto barrado ($), muestra el prisión del sujeto en el mandato implícito en lo enunciado.

Por lo tanto, en el discurso del amo encontramos la exclusión del sujeto del inconsciente, pues éste está debajo de la barra. La subjetividad está presente en el discurso del amo, pero no tiene ninguna importancia. Por lo tanto, el discurso del amo se sostiene independientemente de la subjetividad de aquel que lo enuncia, el sujeto del inconsciente no está en el discurso manifiesto.

La relevancia del psicoanálisis se acentúa a partir de su propósito de atender lo que la ciencia desatiende por quedar fuera de su interés, es decir, de su replanteamiento de la relación del sujeto con el objeto respecto al saber. Por lo tanto, para el psicoanálisis el saber está planteado como verdad del sujeto, es decir verdad que como saber es un enigma, pues la verdad sólo puede decirse a medias en tanto que es la verdad de un sujeto escindido de su propia conciencia.

Las críticas a la metodología psicoanalítica desde el modelo científico positivista popperiano Es aclarador dejar establecido que la confusión entre los diferentes planteamientos metodológicos ha dado lugar a problematizaciones históricas que no contribuyen al fortalecimiento de los diferentes campos, sino que ahondan el desconcierto entre los mismos.

Ejemplo de esto es el hecho de que la práctica psicoanalítica, y en consecuencia la investigación en este campo, haya sido criticada desde el neopositivismo y desde el falsacionismo con contundencia, pero a partir de críticas basadas en argumentos que muestran incongruencia y que por eso mismo no aportan elementos para desentrañar el verdadero problema sobre la metodología y el objeto de estudio de la ciencia y del psicoanálisis respectivamente.

El propósito de hacer precisiones sobre esas críticas es mostrar que están hechas a partir del presupuesto de que el psicoanálisis se considera a sí mismo como un quehacer científico que implica por lo tanto un método experimental. Como dijeran Nagel y Popper, si así fuera planteado, tendría necesariamente que legitimarse mediante criterios lógicos y epistemológicos; y por lo tanto el psicoanálisis tendría que ser una teoría susceptible de ser confirmada, refutada y sometida a falsación.

La crítica al psicoanálisis planteada en esos términos, según lo citado por Fernández (1999), se produjo en un simposio realizado en Washington en 1958 y está argumentada desde una posición epistemológica verificacionista propia del método crítico de Popper, -método de la refutación o falsación-, y se abrevia en 4 puntos que, según este planteamiento, marcan con claridad que el psicoanálisis no es una ciencia porque; 1) carece de validación empírica, 2) es irrefutable, 3) se invalida a quien la critica con los propios conceptos del psicoanálisis y 4) existe una reificación del inconsciente.

Estos argumentos efectivamente serían pertinentes para demostrar que el psicoanálisis no es una ciencia siempre y cuando, al interior de su cuerpo teórico, se considerara a sí mismo como tal. Al interior del propio discurso del psicoanálisis, el no producir conocimiento científico – y por lo tanto no tener el estatuto de ciencia – no es una carencia o un problema por resolver, porque eso está fuera de su quehacer y de su interés; por el contrario, el ocuparse de lo que queda fuera del interés de la ciencia y es desechado por ella como objeto de estudio es el sustento del psicoanálisis como práctica ética – en calidad de ética del deseo – y no científica, en tanto que su objeto de estudio no se constituye desalojando al sujeto de su relación con el saber producido.

La ciencia y su modelo de investigación positivista (cuantitativa) dejaban de lado, o lo que es peor, desvalorizaba todo aquello que sonara a subjetivo. En los últimos años, la misma ciencia ha replanteado esta posición con la entrada en vigencia de modelos y métodos de investigación más flexibles como los cualitativos, dándole un lugar primordial a lo subjetivo, siendo la subjetividad en este tipo de investigaciones materia de estudio para la ciencia: “La ciencia no es sólo racionalidad, es subjetividad” (González Rey, 2000, p.18).

  • El psicoanálisis, como argumenta González Rey (2005) establece una forma de producción de conocimiento que rompe definitivamente con el positivismo metodológico.
  • Las proposiciones y categorías desarrolladas por Freud tienen sentido dentro del sistema teórico establecido por él y no son susceptibles de abstracción como objeto de trabajo experimental en términos de variables.

Por lo tanto, la crítica al psicoanálisis por su falta de cientificidad no es un punto nodal, pues está argumentada a partir de dar por cierto que cualquier esfuerzo teórico o de investigación tiene que estar subsumido al método científico; esta crítica es autorreferencial y muestra una digresión de argumentos que la configuran como un planteamiento reduccionista, que se limita a demostrar que algo “no es lo que no es ni le interesa ser”, pues efectivamente el psicoanálisis no es una ciencia positiva ni está en sus fundamentos llegar a serlo.

  • Según Sauret (2003) el psicoanálisis pertenece, así como la matemática, a un campo epistemológico específico.
  • Su consistenciase legitima a partir que se admita que muchas de las proposiciones que plantea son verdaderas pero que no son demostrables, desvelando la incompletud del sistema.
  • Eso se sostiene desde la física quántica que demuestra que no se puede prescindir del sujeto que fabrica la ciencia, y que es necesario tomar en cuenta la presencia del observador en los resultados.

Por lo tanto, el psicoanálisis no es una ciencia positivista ni su objeto de estudio puede ser compatible con el objeto de esa misma ciencia. El objeto de estudio del psicoanálisis es justamente el sujeto de la ciencia, es decir, el sujeto que queda escindido cuando la ciencia lo investiga como organismo y como comportamiento, dejando fuera de las posibilidades de la investigación científica lo que no puede ser sometido a la comprobación empírica.

Para el psicoanálisis, el sujeto y el objeto – que es denominado “objeto a – están separados, y es por su separación y pérdida que el sujeto se constituye como el sujeto dividido, escindido, del que el psicoanálisis se ocupa. El estatuto del sujeto en el psicoanálisis es el de la Spaltung, escisión que el psicoanalista detecta en su praxis cotidiana.

Por lo tanto, la investigación en el psicoanálisis es parte de la práctica clínica del psicoanalista, es decir, que la clínica psicoanalítica es también una intensa actividad de investigación en la que trabajan paciente y analista, y en la que el método está lejos de los cánones y de los objetivos de los planteamientos positivistas de la ciencia contemporánea.

La investigación psicoanalítica Existen dos modelos de investigación propuestos por la comunidad psicoanalítica y académica que son independientes entre ellos. El primero, del que nos ocupamos de describir en ese trabajo, está fundamentado en criterios exclusivamente psicoanalíticos, como es la imposibilidad de separación entre el procedimiento de investigación, el dispositivo y el método de investigación, que exige el estudio de los procesos inconscientes.

Para Freud (1916-17 1976b) las manifestaciones del inconsciente, a saber, los actos fallidos, los sueños y las neurosis son una formación de compromiso que se evidencia cuando estos procesos se producen. Son formaciones de compromiso pues pueden expresar dos cosas al mismo tiempo, incluso completamente contradictorias, y que revelan el lugar del sujeto.

Lacan (1965/2003), retomando a Freud, precisa que el sujeto es efecto del lenguaje; es decir, que para conservar su condición de sujeto, éste requiere mantenerse como un ser parlante en un lazo social con los otros mediante el efecto de las palabras. Este planteamiento de una realidad construida mediante el lenguaje nos acerca al universo del que se ocupa la investigación psicoanalítica de la que nos interesa ocuparnos y que queda claramente diferenciada de la que se expone a continuación.

El segundo modelo es la investigación hecha por psicoanalistas, que utiliza otros métodos que no los propios del psicoanálisis y que tienen como ambición satisfacer criterios científicos exteriores con el objetivo de mantener un intercambio de ideas y pruebas con otras disciplinas acerca de la eficacia terapéutica del psicoanálisis.

En este abordaje se destacan las ideas de Fonagy (2003), ex presidente de la Comisión Permanente de Investigación ( Stading Research Committee ) de la International Psycoanalitical Association (IPA ), quien defiende una sistematización de “nuestros conocimientos de base de tal modo que una integración con la nuevas ciencias de la mente vengan a ser una posibilidad, pero también para comunicar con los otros científicos acerca de nuestros descubrimientos y mostrar que nuestro tratamiento es eficaz” (p.335).

Hay también otras formas de investigación que buscan fundamentos psicoanalíticos para sostener una metodología de revisión de literatura, como es el caso de Bento (2007), que propone una metodología de investigación de la llamada semiología psicoanalítica.

  1. La investigación psicoanalítica planteada por nosotros en este trabajo sigue la propuesta apuntada por C.
  2. Botella y S.
  3. Botella (2003) a la que llaman ” investigación fundamental en el psicoanálisis ” (p.438), y es la investigación que se dedica a profundizar los conocimientos relativos a los fundamentos del psicoanálisis.

Por lo tanto, reiteramos el modelo descrito por Freud (1923 1976c), en el que el tratamiento y la investigación psicoanalítica caminan juntos y uno es consecuencia del otro. Según Freud: “Psicoanálisis es el nombre de: a) un procedimiento para la investigación de los procesos mentales que son inaccesibles por otros medios, b) un método (basado en esta investigación) para el tratamiento de los disturbios neuróticos y c) una colección de informaciones psicológicas obtenidas a lo largo del transcurso y que gradualmente se acumula en una mueva disciplina científica” (p.287).

  • Por lo tanto, consideramos que el psicoanálisis es un procedimiento de investigación que tiene como objeto de estudio los procesos psíquicos inconscientes originarios de la sesión analítica.
  • El modelo que propuso Freud es el guión de la práctica, y ésta permite reconstruir el modelo que, a su vez, se vincula con algunos conceptos básicos de la teoría psicoanalítica.

Freud (1923 1976c) definió los pilares de la teoría analítica, a saber, el inconsciente, la doctrina de la resistencia y de la represión, la sexualidad infantil y el Complejo de Edipo. Éstos son los fundamentos básicos del psicoanálisis, y alrededor de ellos se suscriben los temas de investigación.

  1. Es decir, la investigación en psicoanálisis se ubica desde la situación analítica del tratamiento: lo buscado tiene un carácter de perdido y no es evidente incluso al encontrarse, pues lo que se encuentra es algo olvidado.
  2. En el psicoanálisis, lo olvidado y luego (re)encontrado es lo inconsciente, obtenido a través del método de las asociaciones libres en una sesión en la que el discurso se dirige a un analista que polariza la transferencia.

Según Nogueira (2004), la metodología científica en psicoanálisis se funde con la propia investigación, es decir, que el psicoanálisis en sí mismo es una investigación. Entonces, la investigación psicoanalítica es originaria de la situación psicoanalítica de tratamiento.

La clínica psicoanalítica se produce a partir de la transferencia establecida entre el paciente y el analista y de un supuesto hipotético, a saber, la existencia de lo inconsciente. Freud, a través de la transferencia con sus pacientes, estableció los casos clínicos. Esos casos no son apenas un relato de la experiencia, una tentativa de reproducir lo que paso entre él y sus pacientes, sino una construcción teórica mediante la cual da cuenta de lo que subyacía a esas relaciones.

En la construcción de los casos hay dos niveles: el nivel de la descripción y el de la conceptualización. Es lo que ubicamos en el caso Dora; allí, Freud (1905/1976a) fue tejiendo el caso a partir de su relación con ella, lo que ella dijo, la forma en que él intervino y, finalmente, la conceptualización de sus intervenciones y sus pensamientos sobre lo acontecido.

Por lo tanto, la investigación psicoanalítica se revela como una mostración – no una demostración, ni una comprobación – a posteriori, a partir de la escucha psicoanalítica de los pacientes. Mostración que no intenta probar una teoría, sino que es en sí misma la construcción de una teoría. Por lo anterior, no es nodal la prueba de la falsación, el saber obtenido en una sesión analítica no es susceptible de ser comparado con una hipótesis porque al interior de la sesión analítica esto carece de sentido y mucho menos tiene sentido probar si el saber obtenido tiene un carácter de falso o verdadero, puesto que es un saber del sujeto sobre sí mismo que se produce en el acto analítico y que no puede ser generalizado en otros contextos o con otros sujetos.

Esta búsqueda por lo velado es llevada a cabo por el analista y el analizado, De este modo podemos hablar de investigación en psicoanálisis, pero en el marco de una investigación que incluye justamente el saber del sujeto del inconsciente. El saber del inconsciente no es buscado como se busca conocer a los objetos de estudio en el planteamiento de las ciencias cartesianas, el inconsciente es encontrado y la forma de hacerlo no se establece siguiendo metodologías positivistas, por lo cual es un saber que no es factible controlar o cuantificar.

El contexto universitario y la investigación psicoanalítica La investigación psicoanalítica, entretanto, no termina al finalizar la sesión o la jornada del psicoanalista, pues dicha investigación implica también la formación del analista, su propio análisis personal, y la supervisión y el estudio sistemático de la teoría psicoanalítica.

Estas investigaciones psicoanalíticas, hoy en día, ocurren en la universidad. El punto crítico es que dentro de la universidad la actividad de investigación cobra otro sentido y requiere irremediablemente una formalización que le otorgue un carácter académico.

La posición más simple podría ser negarse a la formalización para no contravenir o desviar el interés del psicoanálisis; sin embargo, la formalización de la investigación psicoanalítica no la invalida, siempre y cuando no se pretenda traducirla a un lenguaje de demostración formal y comprobatoria o de descripción de eventos que han de hacerse corresponder a una hipótesis o comprobación teórica.

La formalización de la investigación psicoanalítica surge como una construcción del clínico a posteriori de su trabajo, y se concreta en la escritura que el analista puede producir en términos de textos a partir de su práctica de escucha del inconsciente.

  1. Por lo tanto, así como lo hizo Freud, en la investigación psicoanalítica se trata de la investigación y la construcción de una teoría para explicar las descripciones de la clínica psicoanalítica.
  2. En nuestros días ya tenemos un conjunto teórico conceptual para sostener la relación analítica.
  3. Eso es universal, puede ser aplicado a cualquier ser hablante.

Sin embargo invitamos al paciente a asociar libremente, y la forma en que lo haga tendrá un carácter singular, por lo tanto no sabemos de antemano cómo el sujeto va a plantear sus hallazgos. Entonces, en la formalización, en la construcción del caso clínico buscamos lo que pasa por la mediación del lenguaje del analista, es decir, como lo que pasó por el lenguaje de Freud y que le permitió construir un cuerpo de conceptos universales a partir de la experiencia singular.

Aún así, entre la clínica psicoanalítica y la universidad existe todavía una larga distancia, que normalmente es recorrida a través de los protocolos universitarios; podemos citar como ejemplo la circunstancia de que sea requisito un proyecto de investigación presentado por el candidato para ingresar en un programa de maestría ó doctorado.

La elección de un tema de investigación es un primer paso, que sin duda debe partir de la clínica, pero que debe ser formulado como un enigma a develarse. El problema de la investigación es un enigma que el investigador plantea desde su práctica clínica, es un enigma para el investigador, y no coincide necesariamente con los cuestionamientos que se hace el paciente en la situación del tratamiento.

  • Por lo tanto, la formulación de un problema de investigación en el ámbito de la universidad surge a partir de una situación clínica que produce interrogantes con relación a su manejo o a su manifestación, y que por lo tanto se constituye como una situación problemática para el investigador, es decir, para el clínico, y se insiste en que no coincide con lo que el paciente se pregunta o se cuestiona como verdad respecto a sí mismo a partir de su malestar.
  • Retomando el tema de la formalidad de los productos de investigación en psicoanálisis, es importante apuntar que es un asunto que con cierta frecuencia se descuida, al creer que el no seguir una metodología positivista es sinónimo de falta de rigor.
  • La escritura de una tesis que esté soportada por la experiencia clínica desde el psicoanálisis debe incluir, en primer lugar, la sustentación teórica que otorgue condiciones de posibilidad para mostrar lo que de la práctica clínica se haya elegido como eje de la investigación, para, en un segundo momento, mostrar el material clínico no como el dato empírico que ha de compararse con la teoría expuesta en el marco teórico, sino como el material que la transferencia hizo posible que sugiera como lenguaje y del cual el investigador podrá dar cuenta como una construcción teórica.
  • Consideraciones Finales

Desde este planteamiento podemos mostrar la importancia de hacer una diferenciación entre investigación científica e investigación en psicoanálisis. Se trata de apuntar las distintas postulaciones epistemológicas y metodologías que componen los campos diferentes en los que se pretenden diferentes objetivos, se tienen diferentes fines y se utilizan diferentes métodos, lo que sí se puede postular es que ambas actividades investigativas tienen posibilidades de realizarse con el rigor que sus propias metodologías acotan.

  • La investigación psicoanalítica se justifica siempre que se considere que además de los fenómenos del comportamiento humano hay formaciones del inconsciente.
  • Para la investigación de estas formaciones no hay otro método que el propio del psicoanálisis.
  • Por lo tanto, el método de investigación en el psicoanálisis ocurre en el tratamiento del paciente a través de las condiciones que son exigidas para que un tratamiento psicoanalítico se lleve a cabo.

La transferencia es la condición si ne qua non para que un tratamiento psicoanalítico ocurra, con la consecuente investigación de los procesos inconscientes. La formalización de la investigación surge a posteriori del tratamiento psicoanalítico como una construcción del analista/investigador.

  1. Recibido el: 14/11/2008
  2. Versión final re-apresentada el: 15/3/2010
  3. Aprobado el: 25/5/2010

: Investigación psicoanalítica en la universidad

¿Qué es el fantasma lacaniano?

La noción de fantasma se refiere a la manera en que Lacan lee la idea freudiana de fantasía. Designa una escena que dramatiza un deseo inconciente. Lacan insistirá en su función protectora, protege al sujeto ante el horror de lo real. Tiene una cualidad fija e inmóvil, como una cámara cinematográfica detenida.